Desde el inicio de la pandemia en marzo de 2020 en Chile, el Presidente de la República, Sebastián Piñera, se enriqueció en unos 300 millones de dólares, es decir, ganó unos 700 millones de pesos al día, una cifra que muy pocos trabajadores pueden obtener en toda su vida laboral. De hecho, con el actual sueldo mínimo y trabajando ininterrumpidamente por 40 años, sin lagunas, solo se podría ganar un poco más de 156 millones de pesos. En otras palabras, usted debería trabajar 180 años para recién lograr igualar lo que el Mandatario chileno se embolsó en 24 horas.
Son datos, con sus matices, por supuesto, pero cifras que hablan de la enorme desigualdad que existe en el país y que corrobora la revista Forbes. Piñera, como otros magnates todavía con mayor fortuna, son los mismos que se oponen al impuesto a los super ricos, a ese 1% que acumula la riqueza en el país. No hablamos del que tiene un par de departamentos o una pyme con 10 trabajadores, sino de quienes obtienen a diario enormes utilidades y ganancias, producto del esfuerzo de los trabajadores, que son los legítimos generadores de riqueza en el país.
Mientras la mayor parte de los chilenos y chilenas ha visto cómo se empobrece, levantando ollas comunes en todo el territorio, apostando por el seguro de cesantía y luego por sus propios ahorros en las AFP para paliar la crisis, un grupo minúsculo no solo se enriquece groseramente, sino que se opone a cualquier redistribución de esa riqueza, negando también la posibilidad de un royalty minero.
¿Qué puede justificar el nivel de desigualdad en Chile? No estamos hablando, por cierto, de empresarios que descubrieron un medicamento para salvar el mundo, o inventaron algo de impacto global, sino de meros especuladores financieros, que poco han hecho por merecer tal condición de súper rico.
Si tan solo por un momento, estos especuladores fueran capaces de alentar un impuesto permanente a las fortunas y un royalty minero concreto, otro Chile sería posible, por ahora siguen manejando los negocios y la política y frente a eso, no queda otra más que rebelarse en las urnas este 15 y 16 de mayo y elegir a representantes que busquen superar este modelo económico, que genera pobreza para muchos y fortuna para unos pocos.




