En el corazón del archipiélago de las Guaitecas, donde la lluvia, el viento y el mar son parte de la vida cotidiana, emerge la historia de un hombre que transformó la soledad insular en un espacio de encuentro y palabra. Narciso Nahuelquín Lepío, reconocido comunicador de Melinka que ha dedicado más de tres décadas a mantener viva la voz de su comunidad desde las ondas radiales, enfrentando la precariedad, la censura y los desafíos tecnológicos con una convicción inquebrantable, porque comunicar también es hacer patria.
Voz entre las olas
“En los noventa era todo muy precario. Había un solo teléfono público en toda la isla”, recuerda Nahuelquín. Fue una época en la que la comunicación dependía tanto de la paciencia como del ingenio. En 1994, de la mano del padre Antonio Ronchi, comenzó su camino en las comunicaciones. “Eran tiempos complejos para la isla y se creó una radio experimental. Yo había trabajado antes en Punta Arenas, donde hice algunos cursos de radio operador. Tenía la noción, pero me faltaba práctica. Así empecé con cursos en Ancud y en lo que era mensajería, transmitiendo comunicados de las parroquias por AM, en la radio Estrella del Mar”, dice Narciso.
Aquella experiencia fue el punto de partida de una larga trayectoria. Poco a poco, Narciso se familiarizó con los controles radiales, la programación, los equipos y la esencia de la comunicación social. Se especializó con cursos internacionales dictados por profesionales de Argentina, Ecuador, Venezuela y México, y pasó de aprendiz a líder, hasta dirigir la señal local de la Radio Estrella del Mar en Melinka, convirtiéndose en una referencia en el litoral aisenino.
“Tenía octavo básico y algunos cursos, pero en esos años comenzó una formación de comunicadores populares para que pudiéramos liderar nuestras propias radios comunitarias. Fue un proceso largo, pero muy enriquecedor”, cuenta.
El micrófono no fue solo una herramienta técnica para Nahuelquín. En los espacios radiales aprendió también el valor político de la comunicación. “Había largas conversaciones sobre comunicación política. De ahí fui entendiendo conceptos, formas de pensar la sociedad, y lo que significa dar voz a quienes no la tienen”, recuerda.
En su visión, la comunicación local es un acto profundamente social, es construir comunidad, abrir diálogo, ejercer derechos y exigir respeto. Por eso, cuando la censura tocó la puerta de su emisora, Narciso no se quedó en silencio.
La censura y la resistencia: cuando el poder teme a la voz
En 1999, la Radio Estrella del Mar de Melinka fue silenciada por decisión unilateral del municipio, encabezado entonces por el alcalde Luis Miranda. “Fue el único medio local, y lo cerraron porque no estaban de acuerdo con nuestra línea editorial”, relata.
El episodio marcó un antes y un después. La radio sufrió cortes de energía, sabotajes en los cables y amenazas. “Me denunciaron varias veces por irregularidades que se cometían al interior del municipio. Incluso llegué a la Fiscalía. Pero todo lo que dijimos era cierto: había fotos, testimonios, relatos. El poder no soporta que se digan las verdades que lo incomodan”, afirma.
Paradójicamente, el intento de silenciar la emisora solo fortaleció su rol en la comunidad. “La gente se apropió de la radio. Era su espacio. La censura no nos calló, nos unió”.
El caso llegó incluso a instancias internacionales, la Corte Interamericana de Derechos Humanos falló a favor de la radio, generando jurisprudencia sobre el derecho a la libertad de expresión y la protección de los medios comunitarios frente a abusos de poder.
Identidad y orgullo huilliche
Más allá del micrófono, Narciso Nahuelquín ha dedicado años a redescubrir su origen. Como mapuche huilliche, se ha sumergido en investigaciones personales que le han permitido fortalecer su identidad cultural. “Guaitecas fue un asentamiento huilliche. Fueron ellos quienes desarrollaron la isla, y conocer esa historia me hace sentir orgullo y compromiso con mi pueblo”, dice con emoción.
Esa búsqueda lo ha llevado a convertirse también en dirigente social y cultural, promoviendo la preservación de la memoria y los valores de su comunidad. Para él, comunicar no es solo transmitir información, es defender la historia, la cultura y la dignidad de los territorios.
El presente: nuevas conexiones, viejas convicciones
Hoy, con los avances en conectividad marítima y digital, Nahuelquín reconoce que muchas brechas se han superado. Sin embargo, mantiene viva la esencia de su oficio, que es el sello de la comunicación humana, cercana, al servicio del pueblo.
“Como melinkanos, hacemos patria desde las comunicaciones. Hemos pasado por muchas crisis, pero seguimos aquí, con la misma convicción de que la palabra es poder”, reflexiona.
La historia de Narciso Nahuelquín es la de un hombre que, desde una isla del sur del mundo, demostró que la voz de una comunidad puede cruzar el mar, resistir la censura y dejar huella en la historia.








