Por Benjamín Infante
Steve Bannon, el estratega que acompañó el ascenso de Donald Trump, resumió brutalmente una forma de hacer política: “inundar la zona de mierda”. La idea es sencilla. Si los medios solo pueden concentrarse en una polémica a la vez, hay que entregarles varias cada día. Mientras periodistas, oposición y opinión pública corren detrás del último escándalo, el poder sigue avanzando con su agenda.
Desde el 11 de marzo resulta difícil no reconocer algo de ese patrón en Chile. Semana tras semana, iniciativas y declaraciones surgidas desde el oficialismo han conseguido dominar la conversación: “Escucha su corazón”, la idea de privatizar Codelco, los indultos, las batallas culturales y otras provocaciones que tienen una enorme rentabilidad mediática aunque muchas veces tengan pocas posibilidades inmediatas de concretarse.
Cuando el ruido disminuye, en cambio, aparecen con mayor nitidez los problemas reales de la gestión. Fue entonces cuando vimos las dificultades de Mara Sedini en la vocería o supimos que Contraloría concluyó que la exministra Trinidad Steinert excedió sus atribuciones al solicitar determinados antecedentes sobre funcionarios de la PDI.
Pero el ruido cumple además otra función: correr el cerco de lo admisible.
Tal vez hoy no lograrán obligar a una mujer víctima de violación a escuchar actividad cardíaca antes de interrumpir legalmente su embarazo. Pero consiguen volver a colocar bajo discusión una Ley de Aborto en Tres Causales que parecía asentada. Tal vez hoy no privatizarán Codelco. Pero consiguen instalar nuevamente como razonable discutir participación privada en su propiedad, venta de activos o una redefinición del papel del Estado en la principal empresa pública del país.
La izquierda debe salir del ruido para reconstruir su propia agenda. Si sabíamos que el problema de la rentabilidad de CODELCO residía en el retiro de sus utilidades, ¿por qué no interpretamos el exabrupto de Squella en ese sentido?
Fue nuestro gobierno, el que admitió por primera vez un 30% de retención para abordar la deuda de la estatal, y ahora Quiroz anuncia el 100% de capitalización de la empresa.
La decisión tiene una lectura dual. Por un lado, profundiza una política que nuestro Gobierno inició en 2022: dejar de desfondar a CODELCO retirándole todas sus utilidades y permitirle reinvertir. Pero, por otro, abre una pregunta que la izquierda no debiera perder de vista: ¿la capitalización del 100% será utilizada para fortalecer a CODELCO como empresa pública o para instalar la idea de que debe autofinanciarse y resolver por sí sola una deuda cercana a US$24 mil millones, acumulada durante décadas en que el propio Estado retiró sus utilidades mientras le exigía financiar sus proyectos estructurales?
Nuevamente el ruido no nos dejó anticipar la agenda del gobierno, cuando era previsible si se mira con más detenimiento.
El Gobierno del Ruido
Steve Bannon, el estratega que acompañó el ascenso de Donald Trump, resumió brutalmente una forma de hacer política: “inundar la zona de mierda”. La idea es sencilla. Si los medios solo pueden concentrarse en una polémica a la vez, hay que entregarles varias cada día. Mientras periodistas, oposición y opinión pública corren detrás del último escándalo, el poder sigue avanzando con su agenda.
Desde el 11 de marzo resulta difícil no reconocer algo de ese patrón en Chile. Semana tras semana, iniciativas y declaraciones surgidas desde el oficialismo han conseguido dominar la conversación: “Escucha su corazón”, la idea de privatizar Codelco, los indultos, las batallas culturales y otras provocaciones que tienen una enorme rentabilidad mediática aunque muchas veces tengan pocas posibilidades inmediatas de concretarse.
Cuando el ruido disminuye, en cambio, aparecen con mayor nitidez los problemas reales de la gestión. Fue entonces cuando vimos las dificultades de Mara Sedini en la vocería o supimos que Contraloría concluyó que la exministra Trinidad Steinert excedió sus atribuciones al solicitar determinados antecedentes sobre funcionarios de la PDI.
Pero el ruido cumple además otra función: correr el cerco de lo admisible.
Tal vez hoy no lograrán obligar a una mujer víctima de violación a escuchar actividad cardíaca antes de interrumpir legalmente su embarazo. Pero consiguen volver a colocar bajo discusión una Ley de Aborto en Tres Causales que parecía asentada. Tal vez hoy no privatizarán Codelco. Pero consiguen instalar nuevamente como razonable discutir participación privada en su propiedad, venta de activos o una redefinición del papel del Estado en la principal empresa pública del país.
La izquierda debe salir del ruido para reconstruir su propia agenda. Si sabíamos que el problema de la rentabilidad de CODELCO residía en el retiro de sus utilidades, ¿por qué no interpretamos el exabrupto de Squella en ese sentido?
Fue nuestro gobierno, el que admitió por primera vez un 30% de retención para abordar la deuda de la estatal, y ahora Quiroz anuncia el 100% de capitalización de la empresa.
La decisión tiene una lectura dual. Por un lado, profundiza una política que nuestro Gobierno inició en 2022: dejar de desfondar a CODELCO retirándole todas sus utilidades y permitirle reinvertir. Pero, por otro, abre una pregunta que la izquierda no debiera perder de vista: ¿la capitalización del 100% será utilizada para fortalecer a CODELCO como empresa pública o para instalar la idea de que debe autofinanciarse y resolver por sí sola una deuda cercana a US$24 mil millones, acumulada durante décadas en que el propio Estado retiró sus utilidades mientras le exigía financiar sus proyectos estructurales?
Nuevamente el ruido no nos dejó anticipar la agenda del gobierno, cuando era previsible si se mira con más detenimiento.








