Jesús Herrero E.
Un 5 de agosto en Coyhaique aparecieron dos personas muertas por el frío. Sucedió en los soportales de la Feria Las Quintas y los fallecidos pertenecían a las eufemísticamente denominadas “personas en situación de calle”. Este hecho no ocurrió en el siglo pasado, apenas han pasado 10 años de aquella tragedia sepultada por inviernos de indiferencia y borrada de la memoria colectiva tal vez porque el frío solo mata a los pobres.
Recuerdo que en el budismo tibetano hay un cuento que cuenta que alguien yendo por un bosque vio una sombra, y se asustó. Se acercó un poco más y vio un ser humano, se acercó un poco más, y vio que era un hermano…
Estoy convencido que esta transición es el origen de la humanización. Sin embargo parece que en la actualidad estuviéramos haciendo ese mismo camino pero al revés: Vemos a un hermano nuestro botado en la calle muerto por el frío y nos alejamos un poco. Entonces dejamos hasta de ver que era un ser humano y nos alejamos un poco más y terminamos muy asustados jurando que solo hemos visto una sombra amenazante.
Sin apenas darnos cuenta, nos estamos deshumanizando más preocupados de las cosas que de las personas enredados como las moscas en la telaraña. Gracias a las redes tenemos más información sobre la gira que está promocionando Lady Gaga en Nueva York o del último fichaje del Colo-Colo que sobre nuestra vecina que se quedó sin trabajo hace meses y tiene que irse del barrio porque ya no puede pagar el arriendo.
Hay muchas personas en el mundo y en nuestras ciudades que siguen muriendo antes de tiempo. Y no debido a causas naturales sino como resultado de la injusticia estructural y la desigualdad social que consentimos cada día y que un muro denuncia cuando alguien escribió en él: “Temo el silencio de los buenos”.
Cuando hace diez años leí en un diario local la noticia de las personas que habían sido encontradas muertas por hipotermia, no señalaban ni sus nombres, ni donde se celebraban sus velatorios o cuándo iban a ser enterradas. Ni siquiera aparecieron días después muestras de condolencia o algún agradecimiento a los asistentes a los funerales a nombre de los familiares de los difuntos. Nada.
¿Cómo es posible que pueda haber en Coyhaique algún “NN”, alguien que no tiene a nadie y que no le importa a nadie?
Más de uno estará pensando mientras lee esta columna que esos sujetos con seguridad eran alcohólicos y vagabundos enfermos que ya no tenían remedio y por eso murieron de esa forma. Otros creerán que para esas situaciones ya tenemos el Hogar de Cristo y los servicios sociales de la Municipalidad que se ocupan de albergar a esas personas que han tenido tan mala suerte en la vida… Pero con esos argumentos apenas nos estamos “escusando” (que siempre es lo mismo que “acusando”) porque todos sabemos que esas instituciones son incapaces de afrontar las causas del problema porque fueron creados para ser una especie de “contenedores sociales” que alejen de nosotros la suciedad, la enfermedad y el mal olor que nacen de la miseria y el abandono que la propia sociedad va generando.
El frío extremo convierte los inviernos en trampas mortales y se junta con el frío de la indiferencia que transforma nuestra sociedad en un patíbulo donde sacrificamos a los que sobran.
Para muchos los inviernos son muy duros en la Patagonia, pero para algunos fueron también el escenario de la muerte y del olvido.
Imagen tomada de Internet Instagram @claudio.urr4








