Ana Jaña Montecino. Encargada Territorial del programa de Prevención en Violencia contra las Mujeres de la comuna de Coyhaique.
Podríamos partir señalando que las personas jóvenes no son todas iguales, sino que son personas diversas entre sí, con diferentes pensamientos, historias y opiniones. Durante las últimas dos décadas, en las ciencias sociales se ha evolucionado de las concepciones más bien conservadoras y funcionalistas de la condición juvenil, a otras versiones más integrales y progresistas respecto del ciclo. Estas ayudan a plantear la idea de que no existe una juventud monolítica y unidimensional, y nunca ha existido como tal; por este motivo, actualmente se privilegia hablar de las juventudes, en plural, que son grupos sociales que se expresan de maneras múltiples.
Es importante mencionar entonces que las sociedades se construyen y organizan en torno a varios sistemas: capitalismo, patriarcado, racismo, sexismo, segregación territorial, adultocentrismo, entre otros. Estos sistemas actúan de manera articulada y producen una sociedad donde algunos grupos de personas dominan, y los otros quedan en una posición de subordinación. El motivo por el cual las jerarquías permanecen es que son reforzadas en la interacción con la familia y la escuela, además del consumo de información proveniente de los medios masivos de comunicación y la publicidad. Aunque ninguna persona nace violenta, cruel, racista u homofóbica, sí nace en un sistema que lo es.
En este sentido podríamos observar que las jerarquías de la organización patriarcal y adultocéntrica seguirían esta dirección:
– Los hombres están sobre las mujeres.
– Las personas adultas están sobre las más jóvenes.
– Los jóvenes están sobre los niños y niñas.
– Los niños están sobre las niñas.
– Los niños y niñas de mayor edad están sobre los niños y niñas de
menor edad.
Es así entonces que el adultocentrismo se traduce en el no reconocimiento de niñas, niños y jóvenes como sujetos de pleno derecho, y, por lo tanto, genera diversas formas de discriminación y violencia hacia ellos. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia o UNICEF reconoce el adultocentrismo como una desigualdad social. Tener más edad equivale a tener una mejor posición en la pirámide jerárquica, y la consecuencia de esto es evidente: niños, niñas y jóvenes tienen menos poder y posibilidades.
Mientras que el varón adulto es visto como el modelo de persona y el ideal superior, la condición juvenil es minimizada como una etapa de crisis y de transformación. Es un ejercicio de poder y una forma de autoritarismo que se manifiesta en la vida de niños, niñas y jóvenes con el fin de moldear su forma de pensar y de silenciarlos. Por esto uno de los factores que propician el adultocentrismo es que las personas adultas no tienen las herramientas para entender el nuevo mundo en el que viven las juventudes, entonces, se resisten a ceder espacios de poder y transformar su propia visión del mundo. Desde la lógica adultocéntrica, es imposible construir relaciones intergeneracionales basadas en la horizontalidad y generar espacios reales de participación, y todo esto impide el desarrollo de nuestras sociedades en base a la igualdad y la garantía de los derechos humanos.
Y tú, como crees que te has construido, te invito a observarte y generar los cambios necesarios para propender a una sociedad más integradora y de respeto.








