Ana Jaña. Encargada Regional Prevención Coyhaique. SERNAMEG.
En relación a la violencia de género, la violencia contra mujeres y niñas en Internet es otra manifestación más de patrones patriarcales dominantes en las estructuras sociales, económicas, culturales y políticas de la sociedad. La complejidad de las plataformas digitales es que no sólo reproducen la violencia, sino que, muchas veces, la amplifican, redefiniendo e incluso generando nuevas formas de violencia.
Podemos mencionar que, en el informe inédito “Movilizar los poderes públicos para acabar con la impunidad de las ciberviolencias contra las mujeres: una urgencia para las víctimas”, el Alto Consejo para la Igualdad entre Hombres y Mujeres, institución francesa, considera que la violencia de género en el contexto digital o virtual no difiere de los mecanismos propios de la violencia de género contra las mujeres y niñas en el espacio presencial. Podemos mencionar que, aunque presentan la misma lógica sexista, el contexto digital tiene algunas características propias que contribuyen a difundir y amplificar las violencias desde el espacio presencial hacia el ciberespacio, tales como: anonimato, capacidad de diseminación del mensaje de acoso o violencia, multiplicación de los testigos y la omnipresencia.
Conozcamos entonces un poco más acerca de estas manifestaciones de ciberviolencia contra las mujeres. Podemos decir que son tan diversas como lo permite la multiplicidad de herramientas cibernéticas, las dos categorías más grandes que engloban la violencia característica del espacio virtual son: cibersexismo, que es una manifestación del sexismo que afecta el derecho a la seguridad de las mujeres y niñas. El cibersexismo limita la ocupación del ciberespacio por parte de ellas y también repercute en su espacio presencial; ciberviolencias,son aquellas violencias que ocurren en el contexto digital y que poseen diversas manifestaciones, según las variables con las que se crucen. Por tanto dentro de estas dos grandes categorías encontramos el cibercontrol, consistiendo en la utilización de los recursos digitales para mantener el control sobre la pareja o expareja mujer. Ejemplos de ello son, la geolocalización permanente, el querer conocer las actividades de la pareja o expareja y controlar su vida cotidiana a través del celular y las redes sociales; ciberacoso, esto es como el acoso tradicional como una forma de comportamiento agresivo y deliberado de tipo verbal, físico, psicológico o emocional. Podemos decir que su objetivo primordialmente es incomodar, lastimar, dañar o angustiar a otra persona o a un grupo de individuos; ciberacoso sexual, puede definirse como toda práctica con connotación sexual implícita o explícita, ejercida por una o más personas a través de Internet y de diversos dispositivos electrónicos, y sin el consentimiento de la víctima, por lo que genera malestar en ella. Como ocurre en línea, el ciberacoso sexual tiene la característica de poder ser ejercido en cualquier horario y desde cualquier lugar. Además, ofrece a la persona acosadora la posibilidad del anonimato.
Por tanto, la autodefensa digital requiere, en primer lugar, ser consciente de que la única responsabilidad del acoso, la presión o el control, está en quien ejerce la violencia, nunca en quienes la reciben; y, en segundo lugar, saber que todas las personas tienen derecho a participar en el mundo digital sin recibir violencia. En conclusión, se recomienda para navegar en internet de manera segura y para protegerse de los ataques, no entregar las contraseña a terceros, o bien lo ideal es contar con una diferente para cada sitio web y modificarlas cada cierto tiempo, comprender y ajustar la configuración de privacidad de las plataformas de redes sociales que se utilicen para limitar la exposición de información personal en línea y usar aplicaciones de mensajería cifradas para comunicarse.








