El niño símbolo del rechazo, de la revuelta popular de octubre de 2019 es Clemente Pérez, ex presidente del directorio del metro, que con la frase “cabros, esto no prendió”, no sólo se ganó las posteriores burlas y animadversión de todo un país, sino que fue el último detonante de una revuelta que se mantiene más viva que nunca a la espera de los cambios que el pueblo exige. Pérez retrató de cuerpo entero a una elite política que no entendió, ni supo interpretar lo que estaba ocurriendo en el país hace muchos años, las señales sobraban.
No fue el único que animó la previa de la revuelta, el subsecretario de redes asistenciales, Luis Castillo, señaló en Coyhaique que “la gente va temprano a los consultorios porque es un elemento de reunión social”, o el ex ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, que recomendó, para pagar menos en el Metro que “quien madrugue puede ser ayudado por una tarifa más baja”, o el ex titular de Hacienda, Felipe Larraín, que instó a los trabajadores a ir a comprar flores porque habían bajado de precio y el propio presidente Sebastián Piñera quien declaró que Chile era un “verdadero oasis con una democracia estable”, comparando favorablemente el país con una “América Latina en turbulencia”.
Todo cambió en octubre con el inicio de las masivas evasiones de parte de los estudiantes en el metro de Santiago y el discurso capitalizado durante años se cayó de un momento a otro.
El plebiscito del próximo 25 de octubre es el resultado de la acumulación de fuerzas en la calle, por lo que le pertenece al pueblo movilizado, más allá de los acuerdos de una clase política que fue sobrepasada por las circunstancias.
En estos momentos y cumplido un año de la revuelta popular, nuestros esfuerzos deben estar destinados a lograr la mayor participación posible este domingo, por lo que la movilización debe mantenerse. Hay muchas cosas por cambiar y este referéndum debe ser visto como una oportunidad de empujar esas transformaciones.
En estos días en que una vez más observamos estupefactos como las instituciones se caen a pedazos, en que el poder judicial se muestra temeroso ante las presiones del Ejecutivo, donde además otra vez somos testigos de cómo Carabineros se infiltra en las organizaciones sociales para azuzar, presionar o convencer a los pobladores para que éstos generen disturbios e incluso ataquen a los propios uniformados. Esto no es correcto, es gravísimo, pero las autoridades relativizan y hasta les parece normal. El Gobierno no condena, sino que defiende y respalda este tipo de acciones. El mundo al revés o la desesperación de la elite.
Es más, justifica el uso de la fuerza en contra los manifestantes, hay que recordar que en octubre y a solo un par de semanas los heridos se contaban por miles, más de 400 personas con trauma ocular, varios muertos, denuncias de abuso sexual, golpizas, maltratos y violación de los derechos humanos de forma sistemática están consignadas en varios informes de derechos humanos de distintas organizaciones, incluyendo la ONU.
Sin embargo, Chile Despertó de su largo sueño neoliberal y hoy avanza decididamente hacia un cambio que le permita a sus ciudadanos vivir de manera más digna, con acceso y derechos garantizados, para lo cual la lucha recién inicia, porque como ha ocurrido históricamente, el fascismo no trepidará en generar los escenarios de violencia y destrucción, amparados por toda la institucionalidad que justamente el pueblo quiere comenzar a superar este 25 de octubre.




