Los militantes de base de la Democracia Cristiana se preguntan de qué forma pueden rescatar al partido de una minoría de dirigentes que decidieron desde el primer día gobernar junto a Sebastián Piñera, sin matices. No se trata de percepciones o preguntas infundadas, casi todos los días se desayunan con alguna noticia que le informa que su partido, el mismo de Eduardo Frei Montalva o Radomiro Tomic, suma sus votos a proyectos de derecha y profundizan con ello el programa de contrarreformas iniciado el 11 de marzo de 2018. Legítimamente se preguntan cuál es la democracia cristiana, la que votó la Reforma Tributaria de Bachelet, para gravar mayores impuestos a los ricos pertenecientes al 1% del país, incluyendo al actual Presidente o esta DC que hace justo lo contrario, y le devuelve más de 800 millones de dólares a los Luksic, Matte, Angelini o Piñera, a través de la reintegración tributaria.
Lo ocurrido en la última votación es una muestra más que la dirigencia de la DC es funcional al Gobierno. Sólo en el primer año de la administración Piñera la DC ha votado más del 90% de las iniciativas del Ejecutivo en acuerdo con la derecha, incluso diputados como Matías Walker llegan al 98%, más leal que los propios militantes de la UDI, RN y Evópoli, de acuerdo a información del centro de análisis Polidato. En Aysén, el diputado Miguel Ángel Calisto supera el 95% de votación a favor del Gobierno.
En las votaciones generales y/o únicas la DC supera incluso a la UDI, con un 95,3% a favor, versus un 95,2% del gremialismo y un 94,8% de RN.
Votaron a favor de proyecto de pensiones, Aula Segura, TPP 11 y ahora la reforma tributaria y son sólo algunos de los proyectos que ha respaldado la Democracia Cristiana. ¿Qué distingue a la DC de la derecha hoy? Es una pregunta que se hacen dirigentes sociales afines a este partido que alguna vez fue el más grande de Chile, pero que sin una línea definida y a los tumbos no logra despegar, ni tener su camino propio.
Qué pensarían Radomiro Tomic, figura demócratacristiana histórica, quien señalaba a fines de los sesenta que “cuando se pacta con la derecha, la derecha es la que gana” o el propio Eduardo Frei Montalva y su famosa frase “no cambiaría una coma del programa de Gobierno ni por un millón de votos”, aludiendo a las presiones de la derecha en los sesenta. Ambos estaban convencidos que los gobiernos de derecha no adscribían a la base fundacional de su partido, contrario a lo que parecen entender en la actual directiva.
Lo cierto es que la contribución de la DC al país es innegable y que han facilitado muchos cambios y transformaciones a favor de las mayorías excluidas del pueblo, pero este giro al ala más neoliberal es un claro retroceso, porque pierde su identidad de centroizquierda para ser un partido más de derecha y neoliberal.
A última hora se prestaron para salvar el proyecto de pensiones del Gobierno, firmando un presunto acuerdo que obliga al Ejecutivo a que el 4% adicional de cotizaciones destinado a jubilaciones se ahorraran en un ente estatal. A las horas de este acuerdo, el Ministro de Hacienda señaló que no se puede obligar a los cotizantes a que sus ahorros los administre solo una entidad del estado y por lo tanto también lo podrán hacer las AFP. ¡Lotería!
Conversando con militantes y dirigentes sociales de la DC advierten que no entienden este giro que los dirigentes justifican con ese presunto rol “articulador”, de “partido bisagra” o “centro”, “colaborador”, “dialogante”, para terminar, siendo justamente lo contrario, un partido que estima que negociando con la derecha avanzará hacia los cambios que los chilenos desean.
Ojalá no sea tarde para que la DC se dé cuenta que le terminarán pasando gato por liebre.




