El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es el origen de las protestas en Ecuador, ese crédito de 4.200 millones de dólares para reducir el déficit fiscal impuso por añadidura una serie de medidas contra el pueblo, entre ellas la reducción del gasto fiscal, disminuyendo en un 20% el sueldo de los trabajadores públicos de contrato temporal, además de un día de salario al mes para el Estado y la aplicación de un impuesto especial para las empresas que tengan utilidades superiores a los diez mil millones de dólares anuales, entre otras.
Pero sin duda lo que mayor resistencia creó entre los del “Guayas” fue la eliminación del subsidio a los combustibles, que significó de forma inmediata un aumento de hasta un 120% en el costo del diésel, con todo lo que significa para la economía de un país en que el transporte y la conectividad son fundamentales, encareciendo la vida de los más pobres. Como siempre las medidas de austeridad afectan a los que tienen menos. Además, se trata de un subsidio que lleva más de 40 años en el país, o sea, de algún modo es un derecho adquirido.
Las protestas inicialmente fueron lideradas por transportistas, sindicatos y trabajadores. Más tarde se unieron estudiantes y sobre todo los grupos indígenas, que ya han botado un par de gobiernos y que su movilización es vista como un peligro inminente para Lenín Moreno.
Se trata del mismo Moreno que engañó a todo el mundo, que se presentó como la carta de continuidad de Rafael Correa, donde fue su vicepresidente y ostentó otros cargos a la sombra del ex Mandatario que actualmente vive en Bélgica. Sin embargo, una vez llegó a la Máxima Magistratura del país hizo un viraje violento hacia la derecha y el neoliberalismo, aplicando medidas en ese sentido, llegando a levantar un co gobierno entre FMI y Ecuador y en consecuencia generando medidas para favorecer a los más ricos del país, que en cifras superan los mismos 4200 millones de dólares que pidió al FMI, como para ponerlo en perspectiva.
Mientras escribo estas líneas el Mandatario ecuatoriano ha recrudecido las medidas de represión en contra de los manifestantes, ampliando el toque de queda y liberando a la fuerza pública para aplastar a sus compatriotas. Lo que ocurre en Ecuador tiene un final incierto, aunque parece que la posición de Moreno sólo salvará con el apoyo de Estados Unidos o una salida negociada a la crisis.
El paquetazo ha vuelto dramáticas las condiciones de vida de las personas, encareciendo alimentos y toda la producción de amplias zonas agrícolas del país y fundamentalmente del mundo campesino e indígena.
La reducción del ingreso vía eliminación de aranceles, impuesto a la renta y otras medidas sólo han beneficiado a las grandes fortunas del país. Aún eliminando el decreto 883 y otras medidas antipopulares la situación de Lenín Moreno no será muy distinta, abriendo paso a que el proceso iniciado por Rafael Correa vuelva a su curso.
Las medidas excepcionales impuestas por el Gobierno, entre ellas el toque de queda, y el control leonino a los medios de comunicación, han sido un obstáculo para dar a conocer al mundo la protesta social de los ecuatorianos. Aun así, la unidad de amplios sectores del país, han logrado hacer tambalear al Gobierno de Moreno. Las condiciones de vida se han vuelto conmovedoras e insufribles en un par de semanas para cientos de miles de personas, mientras unos pocos acumulan riqueza a costa del pueblo. El plan de austeridad, como suele ocurrir en el sistema neoliberal, afecta con mayor fuerza a los más pobres.
Cuando el 2017 Lenín Moreno ganó la elección en Ecuador, lo hizo estrechamente logrando el 51% de los sufragios versus el 49% de su contendor, el banquero, Guillermo Lasso, con quien ahora es cómplice. Su discapacidad y sus logros nacionales e internacionales en materia de inclusión no están en discusión. Sin embargo, la traición a los días de asumir la presidencia, hace preguntarse si estaba desde antes de ocupar el sillón presidencial o tras hacerlo, comprado por la oligarquía ecuatoriana.
Viendo la movilización en Ecuador cabe preguntarse si serían capaces de asumir como hacemos los chilenos, el robo del agua, la privatización de los recursos naturales o la estafa de las AFP, entre otras muchas medidas que nos hacen un país tan desigual en el mundo. Tal vez la conciencia del chileno está más anestesiada que la de los otros países, aunque todo indica que eso está cambiando, como de seguro veremos en los próximos años.
Finalmente los ecuatorianos lograron, a través de su movilización social, detener el avance de la agenda neoliberal de Lenín Moreno…al menos por ahora.




