En medio de momentos en que más se requiere de una prensa libre, pluralista e incisiva, los grandes conglomerados mediáticos del país continúan con su política de precarización laboral para miles de trabajadores de las comunicaciones, que a diario son despedidos por presunta reestructuración o aprovechando la crisis sanitaria de COVID-19, por supuestos problemas económicos de los grandes medios de comunicación y amparándose en la denominada ley de protección laboral.
La verdad es que en Chile no existe prensa libre, a excepción de medios marginales, que se sostienen en el voluntariado, condenados a desaparecer tarde o temprano.
La sostenida política de la Concertación de eliminar por omisión aquellos medios que alguna vez fueron contrarios a la Dictadura, fue el inicio de la situación en la que nos encontramos, sin miradas diferentes, sin contrapeso al motor ideológico del neoliberalismo que se muestra todos los días en los noticieros de radio, televisión y prensa escrita. Buscar a través de internet alternativas no siempre está al alcance de todos y es una tarea para la cual no tenemos herramientas suficientes.
La Concertación de Partidos por la Democracia privilegió a los mismos que fueron cómplices del régimen pinochetista y que se subordinaron por afinidad ideológica a él, apostaron por invisibilizar cualquier voz divergente. Con los años, medios como APSI, Hoy, Cauce, Análisis y luego La Época cerraron. La televisión nunca estuvo al alcance de la opinión de las mayorías y vemos como a diario muestran la visión de un solo sector de la sociedad, el minoritario, el del 1%, el de los políticos del régimen. Todo documentado desde los noventa hasta ahora, con estudios y miles de columnas como esta, que sólo pueden ser una catarsis para muchos que esperan que algún día los medios de comunicación aborden la integridad de miradas en el Chile contemporáneo, desde las minorías sexuales, pueblos originarios, campesinos y pobres, que históricamente no han tenido, ni podido exponer, expresar y manifestar sus opiniones, sino que han sido “interpretados”, por determinados grupos que finalmente terminan respondiendo a los de arriba.
Actualmente, la ofensiva es todavía mucho peor. Hace unos días Carabineros detuvo y reprimió a comunicadores en Santiago y Valparaíso, mientras cubrían las actividades del 1 de mayo, es decir, se sigue arrinconando a la prensa y restringiendo la libertad de información. En Aysén, hace meses que convenientemente los puntos de prensa son virtuales y las preguntas se hacen de forma remota con horario de cierre. Explorar otras opciones es improbable, porque la excusa es el coronavirus. De este modo es imposible que la Autoridad explique como corresponde las preguntas previamente repasadas por el cedazo de su equipo de comunicaciones.
Y si en algún momento pensamos que las redes sociales harían el trabajo que los medios niegan a las grandes mayorías, también esta plataforma fue cooptada por el círculo hermético de unos pocos. Lo demás han sido mentiras y noticias falsas que hacen caer a miles, hasta los más avezados han aflojado con alguna información falsa, compartida por ignorancia o interés particular.
En este escenario, los periodistas y trabajadores de las comunicaciones deben unirse para exigir una prensa libre y diversa, a través de asociaciones que los incluyan a todos, evitando la segregación y los intereses de grupos particulares, la tarea es mucho más grande que ventajas para pequeños grupos, lo que está en juego es la democracia y la libertad, porque esta atomización de los medios seguirá ocurriendo con los años, hasta llegar a alguna de esas sociedades que nos mostraron Orwell, Huxley y Bradbury. Será el verdadero fin de la historia. Por ahora, es bueno tener claro que usamos mascarillas, no bozal.




