Licarayén Quelin Cárcamo, profesora de Historia y Ciencias Sociales y reconocida gestora cultural en la región de Aysén, ha desarrollado una trayectoria marcada por el compromiso con la cultura, el arte y las identidades indígenas contemporáneas. Desde niña estuvo estrechamente ligada a expresiones artísticas como la danza, la escritura y el teatro, un camino que más tarde se consolidaría en su formación universitaria. “Descubrí que todas esas formas de expresión estaban profundamente vinculadas con lo que yo era”, sostiene.
Aunque en Aysén existen lamngen que provienen de zonas rurales y comunidades que han logrado conservar costumbres y niveles de mapuzugun, Licarayén recuerda una experiencia distinta. “Soy muy citadina. La familia con la que me crié nunca se desarrolló en el campo y nací lejos de mis raíces. En los noventa ser indígena implicaba enfrentar burlas en la escuela. Mi mamá y mi abuela me dijeron vienes de tal lugar y eres indígena, y desde ahí comenzó un largo proceso de búsqueda”.
Su historia personal está atravesada por la participación social. “Mi familia siempre fue parte del activismo político, y no solo en lo partidario. Desde niña acompañaba a mi abuelo en las ollas comunes cuando trabajaba en El Toqui y lo defendían cuando querían quitarle la choka. También salíamos a las calles cuando enfrentábamos peligros como sociedad y territorio, y veía a mi abuela organizando los bares lácteos”, recuerda.
Esa forma de habitar el mundo derivó en su vinculación con diversas organizaciones sociales y culturales, entre ellas Manos que Ayudan y Malotún Ortiga, espacios que —según afirma— le han permitido ampliar redes, compartir miradas y fortalecer luchas colectivas. Sin embargo, reconoce que las dirigencias indígenas enfrentan constantes dificultades. En ese sentido agrega que en la región existen más de 80 organizaciones inscritas en CONADI, cuyos líderes deben lidiar con escasos recursos y múltiples exigencias. “En el ámbito cultural, muchas veces las acciones se levantan a costo propio”, señala.
Patagonia en Escena: arte para un territorio aislado
Entre las iniciativas que impulsa destaca Patagonia en Escena, un encuentro de artes escénicas y música que apuesta por propuestas regionales y nacionales, evitando financiamiento de empresas que generan impactos ambientales negativos en el territorio o hacia los trabajadores. El proyecto depende de fondos estatales para concretar actividades que, por las características de la región, resultan altamente costosas. “El transporte y el alojamiento encarecen todo. Para Malotún a veces es más barato traer artistas de Santiago que de la propia región”, explica.
El esfuerzo permite, sin embargo, que existan itinerancias y que el arte llegue a localidades pequeñas de Aysén, democratizando el acceso cultural en un territorio donde las distancias suelen ser una barrera.
Nuevas identidades, nuevas expresiones
Para Licarayén, el país aún no valora plenamente la importancia del desarrollo cultural, especialmente en los pueblos indígenas. A su juicio, es necesario actualizar la mirada sobre estas comunidades y comprender los procesos de resignificación que viven. “Como gestoras culturales enfrentamos grandes dificultades al postular a financiamientos, porque se privilegia lo profundamente ancestral, lo cual es valioso, pero existen otras formas culturales que se han ido adaptando con el tiempo, y allí es más difícil conseguir apoyo”.
Se refiere a las y los jóvenes urbanos que buscan reconectar con su herencia indígena desde experiencias contemporáneas. Para ella, la cultura mapuche es un aprendizaje permanente. “Así como Lautaro aprendió el modo de hacer guerra de los españoles, hoy vemos expresiones musicales como el rap mapuche y otras propuestas que nos obligan a cuestionar qué significa ser mapuche en la actualidad”, finaliza.








