Por Camile Rodríguez
La lógica tras la separación de poderes del Estado data de la época de la Ilustración. Su finalidad es evitar la concentración del Estado en una o pocas manos, representadas comúnmente en un régimen de monarquía absoluta o de corte autoritario, el que, concentrando el poder total, deja en indefensión al ciudadano frente al gobernante de turno y sus aliados o su sostén en el poder.
Desde la revolución francesa en adelante y su impacto en el planeta, la división de poderes, la república y la democracia, aparecen como fórmulas de resguardo que, sumado a los derechos humanos, o libertades civiles, permiten hablar o fundar que estamos frente a un avance civilizatorio como humanidad. Parte fundamental de ello es contar con un poder judicial, independiente y autónomo, que asegure o garantice que, frente a conflictos sociales o individuales, actuará con la imparcialidad suficiente que nos recompense con una “sentencia justa”, fruto del derecho, de la ley y las pruebas presentadas y ajena a consideraciones extra legales, relacionadas con la calidad de las partes intervinientes, su cercanía a lejanía de los poderosos o de los gobernantes o sus cercanos y lejos, muy lejos, del soborno, el cohecho o la prevaricación, en suma una justicia “justa”, asegura la estabilidad y la paz social y evita o debiera evitar la autotutela, o la justicia por mano propia, es decir una sociedad es sana, cuando confía en sus instituciones y sobre todo en la justicia.
La misma revolución francesa, en aras de la igualdad y para “humanizar” y homogeneizar la pena de muerte entre la aristocracia y el pueblo llano, y de paso eliminar la tortura, inventó o popularizó un método único, eficaz y “universal”, para las sentencias condenatorias, nada menos que la guillotina, que en la llamada “época del terror”, cobró la vida tanto de los enemigos políticos de los revolucionarios franceses y así también, más de algún revolucionario caído en desgracia luego. Dicho invento y método se mantuvo vigente incluso en la época “republicana y democrática” de la Francia de los derechos del hombre y el ciudadano y de la contemporánea Francia “defensora” de los derechos humanos, siendo sólo dejada de usar en el siglo XX, junto con la abolición de la pena de muerte en ese país recién en 1981, aunque su último uso real data de la década anterior al triunfo de los abolicionistas.
Cuando se puede saber o manejar la integración de una sala de la Corte Suprema, o quien la presidirá, su tabla, o se puede manejar de un modo u otro el resultado de un juicio, por factores extra legales o extra jurídicos o judiciales, no sólo se juega con las cartas marcadas, y con una ventaja indebida frente a una contraparte, se rompe la básica esencia de las instituciones judiciales: su autonomía y su independencia. Si me conviene, concertarme con unos u otros, ya sean del ejecutivo, del legislativo, de la masonería o de otras corrientes filosóficas, espirituales o de lo que sean, o todos los anteriores, para manejar nombres y opciones, poner hombres o mujeres de “confianza”, que devolviéndome el favor, fallarán a mi conveniencia en el futuro, o me anticiparan antecedentes indispensables para mis intereses o lo de mi cliente y así ganar la partida, cae la última frontera del estado de derecho, que resguarda al hombre y mujer de a pie, frente a los gobernantes, los poderosos, la elite económica social y la trenza de amigos, familias, lacayos que les sostienen.
El llamado caso “audios”, que ha permitido conocer el intercambio de conversaciones entre el abogado Luis Hermosilla, algunos políticos y algunos ministros de la Corte Suprema, entre otros, quienes participan o participaron del sistema de nombramientos de los ministros que componen el máximo tribunal y que de confirmarse ello, les permitió, instalar nombres y conseguir según se expone o devela, sentencias favorables y favores importantes, va retratando una trama que de probarse más allá de toda duda razonable, hace que cualquier guion de Hollywood o Netflix quede corto. Tengo la impresión de que Chile da ejemplos de tanto en tanto que la verdad supera la ficción.
Pero para que haya un corrupto, se necesita de alguien que lo corrompa, para tener eventualmente un ministro/a supremo o una sala de corte que falle a mi favor, debo acceder a la red de nombramientos, que pasa por el ejecutivo, el legislativo y el mismo poder judicial, en nuestro país. Contactos, redes, tratos y acuerdos entre gallos y medianoche, aunque también a la luz del día como revelan los audios recientemente conocidos. ¿Qué parte de la serie, nos faltará por conocer?
No solo debe haber un proceso penal ejemplar, con las máximas penas, de verdad y no solo para la declaración, la cuña o el titular, no solo deben caer todos y todas los involucrados y en mi opinión, idealmente inhabilitarlos de por vida para la función pública, acusación constitucional de por medio de ser necesario también en los casos que corresponda, sino además debe efectuarse (¿por algunos incumbentes?), una profunda reforma constitucional y legal que saque todo rasgo y raíz de corrupción, que evite o minimice al máximo la repetición de nombramientos y favores indebidos, se debe sancionar a todos/as los involucrados sin excepción, así como una herida requiere, no solo contener la infección y un buen aseo quirúrgico, la limpieza debe ser total, y aunque suene manoseado, “caiga quien caiga”, haciendo efectivo eso de la revolución francesa de igualdad ante la ley y que hasta nuestra cuestionada constitución vigente consigna, no será posible construir una sociedad sana y democrática de verdad, manteniendo una justicia para ricos y poderosos, con trampas y cartas marcadas y una justicia para pobres, en la medida de lo posible.
Afortunadamente no están los tiempos para guillotinas revolucionarias creo yo, aunque a veces hasta ganas dan la verdad, pero si son los tiempos más que oportunos para terminar con el cáncer de la corrupción y generar de una vez por todas un Chile justo y democrático, de verdad, una profunda reforma y cambio será la única forma de volver a confiar en la justicia y de paso en el sistema político, ambos ya muy desprestigiados, y como dicen por ahí, las causas del estallido social siguen vigentes, y estos hechos que se van conociendo, no sólo pueden reavivar las brasas, sino que pueden provocar un desbande cuya consigna sea, “que se vayan todos”, que no quede ni uno solo, y abrir el paso y las puertas de par en par, a un populismo o a un fascismo, en donde no haya ni libertad, ni democracia, menos igualdad, que decir de justicia, después no digan que no lo vieron venir.








