Por María Paz Muñoz
Milton Mancilla, actualmente secretario de la Agrupación José Felmer Klenner, nombre en honor a un joven coyhaiquino, militante del MIR, asesinado cerca de Puerto Montt en 1973. Fue una de las tantas víctimas de la represión durante la dictadura. Hoy ve necesario seguir recordando este abrupto suceso para el país y luchar por los Derechos vulnerados de las víctimas
Mancilla vivió la historia para contarla, estuvo preso al menos veinte días en el regimiento 14 Aysén el año 1975, fue sacado de su trabajo y llevado por los agentes de la dictadura cívico-militar al recinto del Ejército, donde sufrió golpizas permanentes, momentos que recuerda con angustia.
Junto con su detención sufrió la abrupta separación familiar de sus amigos y compañeros, la mayoría de ellos exiliados en Argentina. “Sufrí humillación y se pierde todo, trabajo, es bastante difícil para la gente. La mayoría de los compañeros habían estado en campos de concentración y otros relegados. Buscamos no perder la comunicación entre los que quedamos, no dejando de trabajar para mejorar lo que estaba pasando en el país”, recuerda.
En un ambiente de constante miedo a ser detenido nuevamente, con sus hermanos en Argentina, quedó solo con su madre en Coyhaique. “Nos trataban como parias, como parásitos”, reconoce.
Militante socialista de toda la vida, no renunció a su ideología y forma de pensar a pesar de lo que ocurría en el país. «El montaje del Plan Z fue la justificación de la dictadura para perseguir y torturar a personas militantes y simpatizantes de izquierda en Chile».
Tras las torturas físicas y psicológicas las personas presentan una serie de rasgos que los acompañan toda la vida, entre ellas cambios bruscos de genio, ansiedad y otras patologías mentales, que se desencadenaron en el marco del estallido social o revuelta popular de 2019, que le produjo un ataque cerebrovascular, del cual logró recuperarse. “Todavía hay miedo en el país, la gente le hablan de militares y se fondean altiro”.
Huelga y reparación de Derechos Humanos vulnerados
En 2015, las víctimas de la Dictadura sostuvieron una huelga de hambre con el fin de buscar una indemnización por ser detenidos y torturados bajo el régimen. Esa acción también tuvo su correlato en Coyhaique, donde Milton Mancilla fue parte de esa medida de presión. “Nosotros nos acoplamos en la iglesia, estuvimos como quince, 20 días y era para pedir una reparación, aunque no se pague con nada. La protesta fue para mejorar las pensiones y algo por los daños causados, pero al final no logramos nada, porque una parte de la gente negoció con el gobierno, por lo que hasta allí llegó”, lamenta.
Según los Derechos Humanos establecidos en el protocolo de Estambul, conjunto de normas internacionales para documentar la tortura y sus consecuencias advierte que estas pueden presentarse hasta la tercera generación. “Hay gente que dice eso ya pasó, pero no puede pasar otra vez. No fueron dos o tres personas que golpearon, torturaron y mataron o desparecieron, sino que fueron miles”.
Para Mancilla se requiere que los hechos de la dictadura sean materia obligatoria en los libros de historia, “desde la básica a universitaria, para que quede como historia y no se repita. La dictadura tiraba gente en bolsas al mar con puntas de rieles y esa gente no va a aparecer nunca, los que dinamitaron tampoco. Acá los desaparecidos los trajeron de Argentina y acá en Coyhaique desaparecieron, entonces no es algo de ahora. Un compañero de apellido Soto, el mismo 11 de septiembre desapareció y nunca más se supo de él”.
La encuesta CERC – MORI de mayo pasado muestra una realidad preocupante para los chilenos y chilenas, el 36% de la ciudadanía opina que el Dictador Augusto Pinochet impulsó la economía del país en sus 17 años de gobierno de facto. Esto a pesar de que todas las cifras indican lo contrario.
De hecho, Chile durante la Dictadura tuvo la segunda tasa de crecimiento más baja de toda Latinoamérica, el desempleo llegó al 20% y la pobreza a un 40%, mientras que los sueldos bajaron un 35% durante ese periodo. “Lo importante era la unidad por la causa y trabajar en organizaciones como sindicatos y en ollas comunes, mi pecado fue ser socialista. En los interrogatorios me preguntaban dónde estaban las armas, el famoso Plan Z, que todos sabíamos que no existía”, explica.
Por último, hace un llamado a quienes fueron víctimas de la Dictadura a seguir adelante, a reunirse con quienes sufrieron las consecuencias directas de este gobierno de facto. “Participen, conversen con sus familias, no nos podemos quedar con los lamentos sino salir y conversar. El día 11 recuerden algo, si bien los encuentros son dolorosos, también son saludables”.
Revisa la entrevista completa a continuación:








