La Dirección del Trabajo (DT), organismo que debería resguardar los derechos de los trabajadores, ante una relación que es asimétrica desde todo punto de vista y por antonomasia, decidió a través de un dictamen dar manga ancha y carta blanca para que los empleadores puedan deshacerse de sus trabajadores o suspender el pago de sus remuneraciones en plena crisis sanitaria.
Por cierto, no era necesario que la DT concediera este dictamen criminal, que sólo viene a refrendar lo que los empleadores están haciendo hace semanas, como lo ocurrido con aquella trabajadora de casa particular obligada a guardar una cuarentena de siete días, con los respectivos descuentos salariales, muy a su pesar. La presidenta de la federación de sindicatos de trabajadoras de casa particular, María Cotal, emplazó al Presidente Piñera a que “mirara a los trabajadores con ojos de humanidad” y evitar que los empleados queden sin el sustento para sus familias.
La historia de abusos la vamos conociendo y los videos de empresarios y jefes prepotentes y soberbios se suceden por las redes sociales. De este modo, la incertidumbre del COVID-19 se suma a la angustia de ser despedido y quedar sin trabajo y, por ende, totalmente desprotegido.
Como era de esperar, la Constitución, la normativa y las leyes laborales han sido pensadas en defender al gran empresariado en desmedro de la masa obrera. El Estado chileno está imposibilitado de apoyar a los trabajadores en momentos de crisis, cuando existe una abierta agresión a los asalariados del país. “Es una interpretación antojadiza y miserable, deja a los trabajadores a la deriva”, señaló la presidenta de la CUT, Bárbara Figueroa.
En estos momentos aquellos que rechazan pertenecer a un sindicato, los que abominan de la organización de los trabajadores pagan culpas, a su pesar. Con menos de un 10% de obreros sindicalizados la fuerza de los trabajadores es diminuta frente al gran capital.
La regulación de las relaciones entre el empleador y los trabajadores no pueden restringirse sólo a ambas partes, porque es dispar, por eso el Estado debe ser quien apoye a los asalariados. Sin embargo, lo que está haciendo el Gobierno es justamente lo contrario, normando conductas que en cualquier país decente serían imposibles de implementar. En estos momentos el Estado debe tener un rol protagónico, con el objetivo de proteger la salud de los trabajadores, pero también que el pueblo no termine pagando todos los costos de la pandemia.
En todo el mundo el Estado se está haciendo cargo de los flancos que abre el COVID-19, desde lo sanitarios hasta lo laboral, pero en Chile la imposición del modelo neoliberal le deja poco espacio para que los gobiernos administren de mejor manera la crisis.
Las cifras de contagios y muertos señalan que donde el Estado es fuerte, se ha podido manejar de mejor manera el coronavirus, con planificación, organización, financiamiento y control de la pandemia.
Por otra parte, las críticas a la Central Unitaria de Trabajadores no nos parecen justas, sobre todo cuando vienen de aquellos mismos que evitan ser parte de las agrupaciones de trabajadores, de quienes no ven con buenos ojos la sindicalización y que hacen lo posible por destruir y desmantelar los sindicatos y en esto caen empresarios y muchos trabajadores desclasados.
Ahora que nos vemos envueltos en esta crisis sanitaria sin precedentes, todos piden más Estado, incluyendo a los mismos que promueven el capitalismo, ellos han sido los primeros en pedir plata al Gobierno. Nos referimos a los empresarios que una vez más, como en tantas ocasiones, tocarán la puerta del mismo Estado que buscan minimizar. Por eso, cobra más sentido que nunca una lucha por un Estado solidario, que se haga cargo de los problemas más urgentes de la gente y eso se hace con una Nueva Constitución.
El Gobierno dejó claro desde el primer día que primará lo económico, por sobre lo sanitario. En una sola imagen, el presidente de los grandes empresarios, Juan Sutil, hablando desde la misma Moneda, flanqueado por la Ministra del Trabajo y el Ministro de Salud, mientras la CUT u otras organizaciones multigremiales de trabajadores no son consideradas en las instancias de diálogo para superar el momento. El signo de los tiempos.




