La añosa oligarquía chilena, esa falsa aristocracia, acostumbrada a recibir regalías y prebendas del Estado y por definición depredadora de sus recursos, van a dar lucha y pelea. Se preparan en todos los frentes para levantar la mayor violencia posible, lo harán desde los medios de comunicación a su servicio, desde el aparataje estatal instalando y profundizando el discurso hegemónico. Pero también lo harán desde la violencia directa. Hemos conocido como fanáticos ultraderechistas intentaron internar armas de guerra, de grueso calibre, nada menos que fusiles de asalto AK 47, aparato que ni siquiera se vende en el mercado formal. Las escuchas telefónicas revelaron que se están preparando para marzo, relacionando sus acciones con el movimiento social en curso. El Gobierno de Sebastián Piñera decidió no querellarse por ley de seguridad interior del Estado, dejando entrever un trato preferencial, ya que los involucrados son de clase social acomodada ABC1, de tendencia ultraderechista y pinochetistas hasta la médula. Sin embargo, el ex fiscal Carlos Gajardo, fue enfático en señalar que, con los antecedentes disponibles de forma pública, tienen argumentos más que suficientes para hacerlo. ¡Qué distinto sería si los involucrados fueran mapuche o los chilenos que protestan por una nueva constitución! He allí otra razón para aprobar una nueva Carta Magna ¡En el acto!
Otro antecedente a tener en cuenta es la misteriosa pérdida de armas por parte de Carabineros. Se habla de 74 armas de fuego y 185 mil municiones que se encuentran extraviadas en los últimos años, cuestión que se ha intensificado en los últimos meses. A esto se suman unas 200 mil armas registradas a nombre de civiles, que también se encuentran perdidas.
La derecha, o para ser más precisos la oligarquía chilena, fue capaz de bombardear La Moneda en los setenta y avalar violaciones, torturas, muertes y el exilio de sus compatriotas, son entonces capaces de cualquier cosa con el fin de mantener sus privilegios.
Sin embargo, esta actitud no nos debe atemorizar, ya en los ochenta con el control absoluto del país, con desapariciones, torturas y exilios por doquier no fueron capaces de detener la ola de un pueblo ansioso de tomar las riendas de su destino.
Chile aprobará una nueva Constitución este 26 de abril y lo hará a través de Convención Constitucional, una vez dado ese paso, seguiremos insistiendo en la Asamblea Constituyente soberana, que es lo que Chile está pidiendo en cada rincón del país.
Quienes voten por el rechazo no sólo quedarán desacreditados frente al pueblo, sino políticamente destinados a la intrascendencia por varios años.
Mientras estas noticias ocurren en el país, en Aysén el Gobierno mantiene una irrelevancia y desconexión total con este nuevo Chile, aislado en el más absoluto abandono por parte del gobierno central. A esto se suma la apatía del pueblo, que ni siquiera los cuestiona, ni presiona en ningún sentido. Cualquier día se levanta alguien y conduce la región como quiera, no hay autoridad en Aysén y quienes ocupan cargos son más bien la representación de la decadencia del Gobierno, sin una hoja de ruta definida, sin siquiera mostrar parte de ese programa que los llevó a ser elegidos.
En este escenario el pueblo se movilizará en abril, aprobará una nueva Constitución y se dará inicio a la refundación del país, donde debemos estar claros con quienes se podrán conformar alianzas y con quienes es mejor no hacerlo. Entre medio, los derechistas buscarán amplificar su campaña del terror, haciendo alusiones absurdas y sembrando violencia explícita, para intentar desacreditar la movilización detrás del mentado orden social.
Pero, señores fascistas y ultraderechistas y sectores de centro, ex concertacionistas, nostálgicos de los consensos no pasarán, esta vez no pasarán.




