En estos días recordamos ocho años del mayor movimiento social en la historia de la región, por su intensidad, extensión y masiva participación ciudadana. “Aysén tu problema es mi problema” fue la síntesis de las demandas de diversos sectores productivos y sociales largamente postergados por un Estado indolente, que concentra su inversión en determinados nombres y apellidos, pero que no involucra la totalidad de la población regional.
Y si bien es cierto muchos se esfuerzan en señalar que no se logró nada, o que fueron energías y voluntades desperdiciadas, la verdad es que si no fuera por ese movimiento social al cual adscribimos con decisión, no existirían médicos y dentistas en todas las postas de la región o una excelente unidad de siquiatría infanto juvenil y diálisis en el hospital de Puerto Aysén, como asimismo la creación y fortalecimiento de la unidad de oncología en el Hospital Regional. Si no fuera por ese movimiento, al cual muchos buscan mostrarlo inútil e insuficiente, no tendríamos esos avances en materia de salud, tales como el arribo de innumerables especialistas que hasta entonces no teníamos en la región y que llegaron a entregar y paliar una atención de la cual el hospital de Coyhaique adolecía. No es suficiente, por cierto, sin embargo, no podemos pensar que cuando el pueblo se levanta no logra nada, porque ese discurso es muy funcional a quienes no quieren vernos movilizados, a esos que no les interesa que la situación del país cambie, aquellos que están por el rechazo a la Nueva Constitución, ese escuálido 6% cuyo poder económico hace la diferencia.
Lo más visible del movimiento en términos de logros es la Universidad de Aysén, con todo lo que significa para una pequeña ciudad de provincia contar con un plantel de educación superior propio. Valdivia, y Concepción no serían lo mismo sin sus universidades que les permitió abrir el camino para ampliar diversas áreas que hasta entonces no estaban desarrolladas.
Hay que imaginar que en el corto tiempo que lleva el plantel en la región hemos podido optar a espacios artísticos culturales que no teníamos, varios talleres y charlas magistrales, como asimismo la visita de referentes intelectuales que hasta antes de la creación de la universidad era difícil verlos. Además, la creación de masa crítica es indispensable para el desarrollo regional, la mirada de los que llegan respetando la visión de los que ya están. De eso se trata la academia, una universidad es docencia, pero también investigación y extensión de sus lazos e influencia a toda la región.
De esos once puntos hay muchos que aún no se concretan, porque en muchos de ellos la misma institucionalidad y legislación nos juega en contra. Por eso la actual situación del país nos permite soñar con una región y país distinto. No es posible que en pleno siglo XXI todavía los bingos sean la solución para financiar tratamientos de salud, o que tu dinero determine tus opciones futuras en la vida.
Cobra sentido un tratamiento especial para zonas aisladas como la nuestra, un sueldo regionalizado sigue siendo una demanda sentida, como asimismo mejorar los espacios de participación ciudadana, un desarrollo armónico de nuestra región, respetando su sustentabilidad a largo plazo.
Finalmente, una de las deudas más grandes es la justicia, esa misma que todavía no llega para los ayseninos mutilados el 2012, a ellos también le debemos perseverar en el actual escenario nacional, su lucha no fue en vano y tampoco lo será en las actuales circunstancias en que con más fuerza que nunca el país se unió para reclamar lo que le pertenece.




