Nora Catrián Pinda, Ñizol de la comunidad Catrián Pinda y reconocida sanadora ancestral mapuche-huilliche, lleva décadas entregando conocimiento y medicina tradicional en la región de Aysén. De padre indígena proveniente de Temuco y madre huilliche, llegó desde la Araucanía siendo joven, trayendo consigo el aprendizaje que recibió desde niña de su abuela partera y que significa el estudio profundo de las plantas, sus propiedades y el valor espiritual que tienen para el pueblo mapuche.
“Lo que sé es fruto de generaciones. Sembramos la semilla para cosechar, transmitimos el conocimiento de nuestros pueblos originarios y lo hacemos también a través de un programa intercultural donde trabajamos con el Servicio de Salud”, explica. Gracias a este trabajo, han podido llevar el saber ancestral a diversas comunidades de la región.
Guardiana del conocimiento del lahuen
En Aysén, señala, están identificadas 68 plantas y árboles medicinales, muchas de las cuales pasan inadvertidas para la comunidad no mapuche o huinca. “A veces la gente cree que es maleza, pero es remedio”, afirma. A partir de estas plantas elabora cremas cicatrizantes y productos medicinales, como preparaciones para la soriasis. Menciona ejemplos como la ortiga, una planta revitalizante cuyas propiedades han sido utilizadas por generaciones.
La medicina mapuche —dice— no solo proviene de las plantas, también de la naturaleza animal, recordando que antiguamente la grasa de caballo o de aves se usaba de forma similar a lo que hoy es la vaselina. “Para el mapuche todo es medicina: las piedras, el agua, un abrazo. Todo tiene que ver con nuestra cosmovisión”.
Actualmente, Nora trabaja en la Farmacia Popular de Coyhaique, aportando desde la medicina mapuche-huilliche a la salud comunitaria. Llegar a ese espacio —cuenta— no fue sencillo, “fue una lucha de años y un trabajo de las comunidades, y finalmente se institucionalizó en el Centro Cívico de Coyhaique”.
El municipio facilita vehículos para recolectar hierbas en zonas limpias, una tarea cada vez más difícil debido al avance de la contaminación y la compra de terrenos privados cerca de ríos y lugares sagrados. “El lahuen en Coyhaique está contaminado. Tenemos que cuidar los espacios que quedan libres, pero llega gente de afuera y cierran las orillas de los ríos, donde está la espiritualidad para recolectar”, denuncia.
Enfatiza que se trata de un uso público protegido por ley. “Se adueñan de ríos y parques. Eso es matar la medicina con la que la gente se cura. Esta no es cualquier medicina, es heredada”.
En su hogar mantiene un tukukawe, un jardín de plantas medicinales tradicionales que, según ella, toda familia mapuche debería tener.
Nora recuerda las formas de vida mapuche de su niñez, camas hechas con payasas rellenas de paja y lahuen, alimentos sencillos y nutritivos como el maíz, o la mantequilla hecha en casa. “Eso no lo conocieron nuestros nietos”, se lamenta. Por ello insiste en la importancia de “traspasar nuestra cosmovisión, nuestro modo de vivir y todo lo que nosotros vivimos a las nuevas generaciones”.
Crítica institucional y llamado a la solidaridad
La sanadora es crítica de la falta de apoyo de algunas instituciones públicas, especialmente de CONADI, a la que califica como “cero aporte”. Sí valora el acompañamiento del municipio y, en parte, del Gobierno Regional. “La salud de la gente no tiene color político. Necesitamos el apoyo de la institucionalidad”, sostiene.
Finalmente, expresa su solidaridad con el pueblo mapuche en la Araucanía. “He visto su sufrimiento. Todos los gobiernos prometen cosas y al final retrocedemos. Incluso en Coyhaique, en educación intercultural, hemos retrocedido mucho. No hacen su trabajo con nosotros, nos usan solo para la foto y nos tienen catalogado como flojos”, remata.








