El rol de los dirigentes de pueblos originarios en las organizaciones sociales (FFMCS 2025).
Marcia Nahuelquín Delgado es parte de la comunidad indígena Nahuelquín Delgado, en Isla Traiguén, compuesta originalmente por unas cuarenta personas. Mujer mapuche huilliche, ha crecido al amparo de las reivindicaciones de su territorio y de la defensa de la vida en el litoral aysenino.
De familia de pescadores artesanales, su infancia transcurrió navegando los canales y fiordos de Aysén. “Andaba con mi papá para todos lados. Él era secretario del sindicato, pero la que escribía era yo. Allí me vinculé con los pescadores. Me decían Arturo Prat, porque siempre andaba en la lancha. Los valores me los traspasaron mis padres”, recuerda con orgullo.
Cuando entró al colegio, debió quedarse en el pueblo, lejos del mar, lo que significó un cambio brusco. “Salir a estudiar desde las islas genera un desapego familiar. Muchos niños viven esa ruptura desde pequeños”, señala.
La defensa del territorio
En 2003, Marcia fue elegida presidenta de su comunidad indígena, justo cuando comenzó la alerta por la venta de las islas del litoral aysenino. Bajo su liderazgo, constituyeron la primera comunidad indígena mapuche huilliche de la región, con el compromiso de proteger el territorio ancestral.
Gracias al trabajo comunitario, se identificaron cuatro sitios arqueológicos con vestigios de aproximadamente 1.800 años de antigüedad. “Hemos hecho mucho en la protección del territorio indígena”, afirma.
Su liderazgo trascendió la isla Traiguén, tras hacerse conocida por su lucha, asumió como consejera regional (CORE) por la provincia de Aysén, representando a los pueblos originarios. “Teníamos una lucha permanente con el poder económico, que quería desalojar a la comunidad de Isla Traiguén”, recuerda.
Una voz en el Consejo Regional y Ley Lafkenche
Desde su rol en el CORE, Marcia visibilizó las problemáticas del litoral, muchas veces ausentes de las políticas públicas. Su compromiso político se consolidó al ingresar al Partido Comunista, decisión que asume “como una forma de vida, con valores, identidad, principios e ideología clara. No es solo firmar una ficha”, enfatiza.
La Ley Lafkenche, promulgada en 2008, creó el concepto de Espacio Costero Marino para Pueblos Originarios (ECMPO), permitiendo a las comunidades administrar territorios marinos usados ancestralmente. La norma busca proteger el mar, los ecosistemas y sitios de importancia cultural.
Ese mismo año, la comunidad Nahuelquín Delgado presentó la primera solicitud de ECMPO en la región. “Como dirigente indígena fui parte de este proyecto de ley. Trabajamos arduamente con varios dirigentes históricos. El Estado nos reconoce por un lado, pero por otro nos ahorca. Vamos avanzando de a poco, con diálogo y unión, pero cuesta que el poder económico acepte nuestra cosmovisión colectiva”, reflexiona.
Actualmente, la ley está siendo modificada en el Congreso. “El poder político es sobrepasado por el poder económico. Mientras eso no cambie, seguiremos siendo oprimidos. La primera Constitución era la oportunidad para cambiar el país”, lamenta.
La historia de Isla Traiguén está marcada por los abusos. “Nos sentimos maltratados, vulnerados, sin reconocimiento del Estado ni de la justicia. Llegaban helicópteros, carabineros y notarios para desalojar con la fuerza pública, y como estábamos aislados, nadie se enteraba. La isla fue vendida con nosotros adentro”, relata.
El Ejército vendió la isla a un particular, quien luego la volvió a poner en venta. Pese a las gestiones ante Bienes Nacionales, no hubo respuestas. Finalmente, la comunidad logró el reconocimiento legal y el uso consuetudinario de la isla.
“El espacio costero marino es territorio y maritorio. Nuestra solicitud fue aprobada por el Gobierno Regional, y a fin de año se entregarán los puntos de destinación para iniciar el plan de administración”, explica.
No obstante, denuncia que hubo una campaña para frenar las solicitudes de borde costero, impulsada por grandes intereses económicos. “Desde siempre los poderosos han arrebatado el territorio. A los pobladores les ponen mil trabas, pero a los millonarios o artistas de cine, ninguna. En Isla Traiguén despertamos frente a esas injusticias”, dice, recordando también a Teófilo Chiguay, carpintero de orilla y patrimonio vivo de Melinka, quien resistió un intento de desalojo similar.
Cosmovisión y mensaje final
Con serenidad, Marcia Nahuelquín entrega un mensaje de paz y equilibrio. “Necesitamos la tierra, el mar, el sol y la alimentación. Debemos luchar por nuestro territorio, pero también protegerlo. Vivir de forma armónica y respetuosa es la base de nuestra cosmovisión como pueblo originario”, concluye.
Fotografía: Facebook Marcia Nahuelquín








