Miguel Ángel Rojas Pizarro
Él respondió: «Patria es el amor a mi hogar, mi mujer y mis hijos. Es amor a la tierra que me ha ayudado a vivir; es el amor a la educación y al trabajo; es amor a los demás que trabajan por el bienestar común; es amor a la justicia como instrumento del equilibrio para la dignidad del hombre; es el amor a la paz para gozar de la vida; el amor a la libertad, no al libre albedrío, no a la libertad de unos para vivir de otros; sino la libertad de todos. La libertad para que yo exista y existan mis hijos, y mi hogar y el barrio y la ciudad y los pueblos y todos los contornos donde nos ha correspondido forjar nuestro destino. Sin yugos propios ni yugos extranjeros». Revista Ritmo del 07 de septiembre de 1973, bajo el título “Los folkloristas hablan de los valores patrios”. Archivo: Fundación Víctor Jara.
“Creo que el militar profesional, por el hecho de llevar uniforme y tener autoridad sobre el resto de los efectivos, pierde el sentido de su propia clase”. ¿Por qué descargar 44 balazos sobre el cuerpo de un artista? ¿Qué representaba esta persona? ¿Por qué le tenían tanta saña o miedo?
La gente de izquierda, o quienes levantamos una crítica social, filosófica y económica al sistema imperante, no odiamos, ni negamos a las Fuerzas Armadas. Todo lo contrario: Nos mueve un profundo amor a la patria. Pero no a una patria entendida como propiedad de unos pocos, sino a la patria que nos cantaba Víctor Jara con su guitarra: Un ejército de todos y para todos, no simples guardias privados de las clases acomodadas.
Soñamos con una patria donde las escuelas de oficiales no reciban solamente a jóvenes con apellido y recursos o que los dejen ingresar y que trunques sus carreras no dejándolos acceder a los grados Generales o coroneles, sino también a todos los “Luchines” con talento y vocación de servicio que desean entregar lo mejor de sí por Chile.
Desde su mirada poética Víctor Jara, nos recuerda que la patria no es un pedazo de tierra cercado por himnos, sino un acto de amor. Patria es cuidar la memoria, abrazar nuestras raíces y hacer de cada gesto un compromiso con la vida., nos enseña que sin igualdad y fraternidad no hay contrato social que sostenga comunidad alguna como señalo Rousseau. Si no compartimos el pan y la dignidad, la palabra patria se vacía.
Hoy, el servicio militar está reservado principalmente para los hijos de las clases más humildes. Preguntémonos con honestidad: ¿Cuántos hijos de autoridades, parlamentarios o altos oficiales se inscriben efectivamente en el servicio? En cambio, miles de jóvenes privilegiados buscan “sacarse el servicio” mediante certificados médicos, justificaciones universitarias o contactos dentro de la institución.
Muchos de esos mismos, que en su momento evitaron el servicio, hoy los escuchamos proclamarse como “verdaderos patriotas” o “chilenos de bien”. Sin embargo, la verdadera acción patriota no se demuestra con discursos de odios, ni marchas sin contenidos, sino trabajando junto a quienes más nos necesitan, sin esperar nada a cambio, salvo el bienestar común. Estas prácticas de desigualdad contradicen el verdadero espíritu de la patria: La Libertad, la igualdad, fraternidad y la justicia para todos sus hijos.
Un martes por la mañana con su guitarra salió a cantar
y le cortaron las cuerdas de la garganta, no pudo cantar.
Levántate, vives conmigo, cantor. Hoy más que ayer
suene en el viento tu voz.








