Nuevamente y cada vez que se ha querido modificar, reformar o desmontar el sistema de AFP, las aseguradoras rompen en llanto, utilizan sus enclaves en medios de comunicación y en la política para mantener el statu quo y continuar con el negocio de las pensiones con recursos de todos los trabajadores.
Ahora doblaron la apuesta, y ante la posibilidad de que se aumente la cotización de la clase obrera, no tienen tapujos en señalar que ese 6% adicional se quede en sus bolsillos.
Ni siquiera vamos hablar de las promesas del sistema, del 100% de retorno al cabo de 30 años de trabajo, o del 70%, dijeron después, porque todo eso quedó en el pasado. No obstante, es un recordatorio constante y permanente de cómo le han echado la mano al bolsillo a chilenos y chilenas durante décadas con mentiras y argucias. Por lo demás es difícil confiar el dinero a empresas que han calculado tan mal durante tantos años.
Hoy es el Estado el que entrega las pensiones en Chile, el aporte de las AFP es marginal en la gran mayoría de los casos. De hecho, para que usted opte a una pensión relativamente digna debería contar con más de 100 millones de pesos ahorrados al llegar a los 60 o 65 años de edad, dependiendo si es mujer u hombre y eso es cosa que un porcentaje muy bajo del país puede lograr. Lo demás es apelar al Estado que incrementa esas bajas pensiones que el sistema privado otorga.
Sin duda hay un abuso sistemático de las AFP con la población chilena, destruyendo a través de sus discursos lo público, para profundizar lo privado, es mentir descaradamente y hacer caja con los cotizantes. Es lucrar sin contemplaciones con la vida de miles y miles de chilenos y chilenas, que ante la imposibilidad de poder subsistir dignamente deben continuar trabajando hasta que los huesos no den más.
Son décadas de millones en las calles, de movimientos y agrupaciones que se han hecho sentir, de una u otra manera, exigiendo el fin de las AFP, que es un mínimo de humanidad para un sector que representa el neoliberalismo a todo vapor, maximizando ganancias para sus dueños y condenando a la miseria a quienes con su trabajo y esfuerzo han contribuido a un país que solo parece quererlos como mano de obra barata primero y que después de cumplido sus años de trabajo los condena a la desgracia perpetua.
Entretanto las AFP extorsionan en medios de comunicación señalando que sin ellas tu vejez estará destinada a la pobreza y que son los únicos capaces de ofrecerte una pensión que te permita vivir decentemente. Y todo, incluyendo la propaganda con la cual muy probablemente tampoco estés de acuerdo, con los recursos que mes a mes obligatoriamente les entregas.








