En Chile la democracia es frágil.
Si, para que una democracia de estilo liberal como la chilena exista o se precie de tal, es imprescindible contar con pluralismo informativo y en nuestro país definitivamente no existe.
Se ha dicho muchas veces que los medios de comunicación responden a un pequeño grupo de trasnacionales que controlan lo que se dice y también y tanto o más importante, lo que se omite en los tabloides, los canales de televisión y las radios.
Los grandes medios no están dedicados a la búsqueda de la verdad, aunque haya honrosas excepciones, sino a la amplificación de la mentira, a las omisiones intencionadas, mal intencionadas deberíamos decir.
Y es que el negocio de la mentira es mucho más rentable que la verdad. De hecho, es peligroso que hablemos de un negocio de la mentira. En las Fake News, en las redes sociales, que son un amplificador de los medios tradicionales es mucho más fácil encontrar información falsa que real, porque no es tan importante lo que se dice, sino cómo se dice. La cultura de las formas.
Si no se democratiza el poder mediático, donde haya medios privados, públicos y comunitarios, seguiremos estando a merced del bulo, de las medias verdades, de medios inescrupulosos, sobre todo de la televisión, probablemente el medio más consumido por las personas, en manos de un puñado de multimillonarios y que son los únicos que pueden dar a conocer su opinión y su visión de mundo. El derecho a la información reside en los ciudadanos, lo que no se cumple en nuestro país, ergo, la democracia es extremadamente débil.
Los medios de comunicación deben cumplir tres premisas: informar, entretener y educar y justamente en esta última se cruza con la educación formal, porque se debe enseñar en las escuelas para que los niños y niñas sepan distinguir las noticias falsas y disminuir la intoxicación y la contaminación que no permite el espíritu crítico en las aulas.
El periodismo es central para la democracia, pero lamentablemente muchas veces termina dinamitándola, son una herramienta para desplegar el poder. En Chile los medios hegemónicos ejercen el tutelaje de la débil democracia, porque son capaces de levantar o destruir líderes políticos según sus propios criterios y determinar el voto de la gente.
No les parece curioso que los medios tengan la misma línea editorial, que hablen de lo mismo y que pongan los mismos y repetidos temas en la palestra, todos bajo la misma ideología de ultra derecha. Y esto es muy terrible, porque la gente acaba votando por los enemigos de sus intereses.
Aun así, estamos en el mejor momento de la historia para hacer periodismo, tenemos la información a nuestra disposición, solo falta que se adopten decisiones políticas para sostener distintas miradas de país. No se trata de eliminar a los medios ultraconservadores, sino de levantar propuestas nuevas con otra visión de país y de sociedad.








