- Profesor Benjamín Infante.
El día y la noche existen porque el planeta gira sobre su eje una vez cada 24 horas. En esta rotación de 360 grados, cada hora corresponde a 15 grados de longitud. Por eso es que la ciencia ha dividido el mundo en distintos husos horarios, uno cada 15 grados. De Londres al Este son +UCT y a su Oeste -UCT.
Aunque los husos horarios ideales para nuestra vida que se activa con el sol y descansa en la noche, están determinados por la longitud geográfica, en la práctica se adaptan a razones políticas o económicas. Un buen ejemplo es China que, a pesar de ser tener más de 45 grados de longitud, solo ocupa un huso horario.
Chile, por razones geográficas está en el huso horario UTC-5, pero hace algunas semanas debimos adelantar nuestros relojes para dar lugar al llamado “horario de verano” que nos hizo pasar del UTC-4 al -3. Este horario, el UTC-3 es en realidad propio de la costa Este de Brasil, Uruguay y Argentina.
Astronómicamente hablando, se considera mediodía cuando el sol está cruzando el meridiano del lugar, pero si vemos al cielo cuando son las 12 horas, el sol está lejos de estar en su punto meridional. Al usar el UCT-3 en verano, pero correspondernos astronómicamente el -5, cuando nuestros relojes indiquen el mediodía son en realidad las 10 de la mañana.
El ciclo del sol tiene efectos sobre nuestras vidas, la secreción de nuestras más importantes hormonas, como la melatonina, la hormona del sueño, se ve fuertemente distorsionada con la política pública del “horario de verano”.
La verdad es que el consenso entre médicos, astrónomos y pedagogos es abrumador. No existe razón para tener un horario diferenciado que nos aleje aún más del ideal -5. Por último debemos quedarnos todo el año con el -4, mal llamado “horario de invierno”, y así afectar menos el sueño de nuestra juventud.
Tal vez de ese modo podemos aumentar la motivación y asistencia escolar.








