Carmen Berenguer, la voz poética que se alzó contra la dictadura de Pinochet en la década de 1980, falleció a los 78 años. En 2006, recibió el premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, siendo la primera vez que esta distinción recaía en un escritora chilena.
Lamentablemente, Berenguer falleció sin haber recibido el muy merecido Premio Nacional de Literatura. El jueves 16 de mayo, se informó sobre el fallecimiento de esta destacada escritora, ensayista y artista visual, a la edad de 82 años. Berenguer fue parte del grupo de poetas que irrumpió en la literatura durante los años 1980, en plena dictadura de Augusto Pinochet. Miembro activo de la bohemia de esos tiempos.
Su primer y famoso libro, Bobby Sands desfallece en el muro, publicado en 1983, surgió en un periodo en que la poesía de mujeres en Chile adquirió protagonismo al denunciar la dictadura y la represión. Este libro, impreso de manera artesanal, fue un homenaje al poeta y revolucionario irlandés Bobby Sands, quien falleció tras una prolongada huelga de hambre bajo el régimen británico de Margaret Thatcher. A través de la figura de Sands, Berenguer también homenajeó a los prisioneros políticos chilenos que luchaban por la reivindicación sociopolítica del país. El libro es una manera de hablar de las carencias y despojos de Chile, oprimido y violentado por la dictadura militar.
En 1986, Berenguer publicó Huellas de siglo, seguido de A media asta. Más tarde, su libro Sayal de pieles, uno de los más crípticos de su producción, profundizó en las posibilidades de articulación del cuerpo y la escritura. En 1997, obtuvo la prestigiosa Beca Guggenheim en la línea de escritores, con la cual desarrolló su proyecto Naciste pintada, uno de sus libros de mayor repercusión académica. Con la democracia aún en proceso, Berenguer continuó observando críticamente su entorno y expresando su opinión en escritos más urgentes, como las crónicas que publicó en el diario virtual Primera Línea.
En los años 1990, publicó dos libros: el poemario Sayal de pieles y Naciste pintada, donde utilizó cartas de presidios y testimonios prostibularios. En el siglo XXI, siguió publicando y fue reconocida con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, siendo la segunda mujer y primera chilena en recibir este galardón, además de su nominación al Premio Nacional de Literatura. Su poesía ha sido recogida en varias antologías y traducida a diversos idiomas. Incursionó en la crónica, performances individuales y arte audiovisual, destacando el documental Delito y traición. Discurso de la mujer en la política y en el arte, presentado en 2003 en el Congreso Nacional.
El aporte de Berenguer a la literatura chilena consiste en la ruptura del verso, por una parte, con la escritura graffiti, que se hace eco, grito, testimonio de una tortura. La escritura parece entonces padecer el mismo rigor del hambre: es breve, no obstante, exhaustiva y eficiente. Por otra parte, Berenguer imita la oralidad, la forma más desembozada del habla común y corriente en la poesía.
Berenguer sufrió de un cáncer que la alejó de las actividades públicas, a las que se reintegró una vez superada la enfermedad. En 2012, fue elegida presidenta de la Sociedad de Escritores de Chile. Poeta, cronista y artista visual, Carmen Berenguer dio a conocer su trabajo creativo en los años ochenta. Su propuesta combinó opinión política, crítica cultural y reflexión sobre el lenguaje, explorando texturas orales y escritas con una estética altamente provocadora. Su proyecto poético manifiesta un compromiso social profundo, abordando temas como la ciudad y sus problemáticas, con énfasis en la política, el mercado, el género femenino y los nexos entre el cuerpo y la lengua. Todo esto, sumado a una osada mezcla de géneros literarios, conforma los ejes de una obra de gran espesor simbólico y cultural.
Hoy despedimos a Carmen Berenguer, cuya voz resonará siempre en las páginas de la historia de la poesía chilena. Su legado perdurará como un faro de resistencia y creatividad, inspirando a futuras generaciones a alzar sus voces contra la opresión y a explorar las infinitas posibilidades del lenguaje. La poesía chilena pierde una de sus grandes voces, pero su espíritu indomable seguirá vivo en cada verso que escribió. Que su memoria sea un llamado constante a la libertad y a la justicia.








