Miguel Angel Rojas Pizarro. Psicólogo. Profesor de Historia y Cs. Políticas.
Queridos lectores y amigos, conmemorando este primero de mayo quisiera dedicar esta columna a un hombre que sus acciones dejaron huella a la hora de hablar de derechos laborales. Un hombre que trasciende el espectro político y su obra es reconocida por todos los sectores. Un hombre clave en la historia de Chile por su aporte a los Derechos Humanos y Sindicales y en su memoria encontramos hospitales, liceos, etc. A juicio personal, un nombre infaltable en la larga lista de héroes de nuestra historia. Hoy quisiera conmemorar a Don Clotario Blest. Gran dirigente sindical chileno, fundador de diversas organizaciones, incluyendo la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales ANEF, la Central Única de Trabajadores y el Comité de Defensa de Derechos Humanos y Sindicales.
Nació el 17 de noviembre de 1899 en la ciudad de Santiago. Sus padres fueron Ricardo Blest Ugarte, militar de carrera y Leopoldina Riffo Bustos, una profesora de escuela pública. Su abuelo paterno fue Guillermo Blest, inmigrante irlandés de cuyo primer matrimonio nacieron los escritores Guillermo y Alberto Blest Gana. Blest cursó sus estudios primarios en una escuela pública, luego ingresó al Seminario Pontificio de Santiago. Tras este periodo dio su examen de bachillerato en la Universidad de Chile. Posteriormente se trasladó al Seminario de Concepción a estudiar teología. Después viajó al seminario de La Serena para completar sus estudios, pero allí decidió que no tenía vocación religiosa y regresó a Santiago. Debido a los problemas económicos de la familia, Blest optó por trabajar en vez de estudiar en la universidad. Durante este periodo conoció a Luis Emilio Recabarren (fundador del partido Comunista)
Blest comenzó a trabajar como empleado fiscal desde 1922 en la Tesorería General de la República. En 1929 fue nombrado Tesorero Comunal de Providencia, y en 1934 Tesorero Comunal de San Antonio. En esta última ciudad fundó una escuela nocturna para obreros, además de una sociedad protectora de animales. Tras su regreso a Santiago contribuyó a la creación de una asociación de empleados fiscales. Dado que la ley no permitía que estos formaran sindicatos, Blest optó por fundar una asociación deportiva en 1938, llamada Asociación Deportiva de Instituciones Públicas (ADIP). Esta agrupación sirvió como antecedente para la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), creada en 1943. Blest fue elegido presidente de la ANEF, cargo que ocupó durante 15 años. La ANEF tenía como objetivos buscar el perfeccionamiento económico, cultural y social de los empleados fiscales. En 1944 el presidente Juan Antonio Ríos dictó a través de un decreto el Estatuto Administrativo de los funcionarios del Estado, el cual fue creado con ayuda de la ANEF.
En el plano internacional, Blest participó en diversas organizaciones. Durante 1950 participó en el Comité Nacional de Partidarios de la Paz en Chile, junto a figuras como Pablo Neruda y Gabriela Mistral. En 1955 fue nombrado por la Asamblea Mundial de la Paz como miembro del Consejo Mundial de la Paz. Blest fue crítico de los partidos políticos, optando por los llamados movimientos políticos, que se caracterizaban por ser más cercanos a las personas. En un discurso, realizado en la Conferencia Nacional de la CUT, el dirigente sostuvo que los partidos políticos poseen una «actitud y conducta sectaria», y que se encuentran «empeñados exclusivamente en una carrera proselitista de tipo electoral» al parecer Blest fue un visionario, debido a que ya en aquella época visualizaba la decadencia política en la que nos encontramos inmersos.
Don Clotario Blest falleció 1990, fue despedido por sindicalistas, políticos, sacerdotes, estudiantes, y trabajadores en general. En su embestidura de presidente Patricio Aylwin, expresó: «Tenía un gran aprecio y admiración por Don Clotario que fue un hombre que dio testimonio. Él vivió y sacrificó oportunidades de una vida holgada, entregado a sus ideales de profunda formación cristiana».
La muerte solo es el olvido, debido a que las acciones honorables y desinteresadas generan ecos en las paginas de nuestra historia. Los grandes hombres nunca mueren, permanecen vivos en nuestros corazones. En este día del trabajo quería realizar este simple homenaje a un gran hombre, debo confesar que, al repasar su vida, me emocione, por toda su labor y contribución a los trabajadores de este país. Los políticos de hoy tienen la vara muy alta y es deber de nosotros poder trasmitir los valores social cristianos a las generaciones jóvenes para que construyan un mejor país.








