Phd(c) Miguel Angel Rojas Pizarro. Profesor de Historia – Psicólogo
El Día Internacional del Libro Infantil tiene como objetivo difundir promocionar los buenos libros infantiles y juveniles, así como también incentivar la lectura.
La lectura es un hábito el cual hay que educar y fomentar desde la primera infancia. ¿Cómo queremos que nuestros hijos lean, si estamos todo el día chateando en el celular y en nuestro hogar no hay ningún libro? Si queremos que las próximas generaciones tengan un nivel cultural razonable, que sean capaces de crear, de tener ideas propias, de argumentar y persuadir, ser imaginativos y que tengan un pensamiento propio capaces de crear. Leer ayuda a soñar, a viajar, crear y pensar, incluso reír. Como padres debemos fomentar lectura. Los padres, La Escuela y los Profesores, tenemos la obligación y responsabilidad de educar, no solo en valores, sino en conductas sanas para los niños.
La lectura se encuentra fuertemente relacionada con la confianza, autoestima y seguridad. Las personas con un soporte cultural son capaces de participar en conversaciones de todo tipo, los niños que leen se sienten con argumentos y una formación suficiente para opinar. La cultura que aporta la lectura es clave a la hora de expresar opiniones en grupo y relacionarnos con nuestro medio social. Así que no solo aporta seguridad, sino que mejora las relaciones personales y sociales y esto es una fuente de bienestar y felicidad.
En relación con los buenos libros que han marcado nuestras vidas y han dejado una huella en las distintas generaciones. Quería dedicar esta columna a un libro muy especial que tiene como protagonistas a una Rosa y a un Príncipe. Muy bien, adivinaron, dicho libro es “El Principito”.
En el mes de abril se cumplen 81 años desde que se editó por primera vez por la editorial estadounidense Reynal & Hitchcock. El Principito es una novela escrita por Antoine de Saint-Exupéry. La historia, leída en nuestra infancia y comprendida en la adultez, cuenta las aventuras de un aviador que, tras ser derribado durante la segunda guerra mundial, acaba perdido en el desierto del Sahara. Allí conoce a un pequeño príncipe rubio, que proviene del Asteroide B 612. El resto es ya es conocido por todos.
El Principito es la clase de novela que todos deberíamos leer al inicio de año, o en cualquier otro momento significativo de nuestras vidas, para volver a replantearnos todo lo que creíamos tener tan seguro. El Principito es una oda a las relaciones humanas verdaderas. Debemos aprender que la amistad, o el amor, se sustentan directamente en las acciones que llevamos a cabo para mantenerlas sanas. La búsqueda de la esencia de las personas es lo que nos devuelve a la realidad. De nada sirve valorar lo material, si no se sabe tener en cuenta lo intangible que es capaz de aportar el ser humano. Por último, podemos señalar que El Principito es el más bello ejemplo de un amor inocente, puro y desinteresado, solo busca el bien de su pequeña amiga “La Rosa”. ¿No seria otro mundo, si desde pequeño inculcáramos dichos valores a nuestros niños?
La movilidad social por excelencia es la educación. La educación sistemática se hace responsable de la formación integral de personas al desarrollar y potenciar sus habilidades cognitivas y actitudinales.
Pero ¿Es realmente la educación el agente de cambio o es simplemente un replicador del modelo preponderante? Chile, con un IVA de 19 % para los libros, uno de los más elevados del mundo, detrás de Dinamarca. Por otro lado, desde los años 90 nuestro pais hermano, Perú comenzó a aplicar la exoneración del Impuesto General que era de 18 %, decisión que fue ratificada en 2006 con la ley de democratización del libro. Politica publica digna de imitar.








