Dr.(c) Miguel Angel Rojas Pizarro.. Psicólogo UAC. Profesor de Historia y Cs. Políticas
@marojas007
Casi al final de la película (El Reino de los Cielos;2005), el líder cristiano Balian de Ibelin (Orlando Bloom) tras la defensa heroica de una Jerusalén asediada por Saladino, decide buscar un acuerdo y rendir la ciudad. El gran Saladino, enorme, digno, pero ciertamente anonadado, acepta el acuerdo y se compromete a guiar a lugar seguro a los supervivientes y sus familias.
A pesar de la significativa pérdida que marco el rumbo de la historia, no se ha resentido la Cristiandad, la cual aun continúa hasta la actualidad.
Después del apretón de manos sincero entre los dos grandes líderes, Balian pregunta a Saladino “¿cuánto vale Jerusalén?”. Saladino le responde “nada”… pero instantes después, mientras se aleja, se vuelve hacia su respetado oponente y, apretando los puños con vehemencia, grita: “¡todo!”.
Esa gran escena y su mensaje sobre la relatividad de las cosas, me recuerda y hago la comparación con la prueba SIMCE, prueba que el jueves pasado presento el rendimiento de las escuelas y liceos a nivel país. En razón a la frase expuesta me cuestiono ¿Puede algo, en nuestros esquemas actuales de medición de resultados académicos generar conflictos o tener un valor incalculable o no valer nada a la vez? Quizá sea el acuerdo entre ambos líderes (Escuelas y Familia) lo que tenga un verdadero valor, pero desgraciadamente solemos pasarlo por alto en demasiadas ocasiones.
Como profesor, he repetido esta misma pregunta a mis colegas cuando los veía inmersos en conflictos de extremo desgaste, claros: ¿cuánto vale la categorización del SIMCE a nuestros establecimientos? El Pero lo cierto es que, la relatividad de los conflictos en el mundo de la educación es algo que convulsiona el ambiente en estas fechas de entrega de resultados. A veces emprendemos verdaderas Cruzadas sin demasiado sentido.
Con la creación de Simce, el año 1988, se instaló en el sistema educativo una evaluación externa, que se propuso proveer de información relevante para los equipos directivos, padres y apoderados. Su principal propósito consiste en contribuir al mejoramiento de la calidad y equidad de la educación, informando sobre los logros de aprendizaje de los estudiantes en diferentes áreas de aprendizaje del currículo nacional, y relacionándolos con el contexto escolar y social en el que estos aprenden. Desde 2012, Simce pasó a ser el sistema de evaluación que la Agencia de Calidad de la Educación utiliza para evaluar los resultados de aprendizaje de los establecimientos, evaluando el logro de los contenidos y habilidades del currículo vigente, en diferentes asignaturas o áreas de aprendizaje, a través de una medición que se aplica a todos los estudiantes del país que cursan los niveles evaluados (4ª,6ª,8ª y 2 Med). Además de las pruebas referidas al currículo, también recoge información sobre docentes, estudiantes, padres y apoderados a través de cuestionarios. Esta información se utiliza para contextualizar y analizar los resultados de los estudiantes en las pruebas Simce.
Pero el Simce, lo es todo, debido a que es la única herramienta de medición que la educación que tiene el sistema educativo. Pero no es nada a la vez, debido a que no puede ser la única variable para considerar dentro de la medición de un establecimiento educacional. Es clave considerar Los Indicadores de Desarrollo Personal y Social (IDPS), definidos como un conjunto de índices que entregan información relacionada con el desarrollo personal y social de los estudiantes de un establecimiento, en forma complementaria a los resultados de la prueba Simce y al logro de los Estándares de Aprendizaje, ampliando de este modo la concepción de calidad educativa al incluir aspectos que van más allá del dominio de conocimiento académico. Estos indicadores proporcionan a los establecimientos información relevante con respecto a distintas áreas de desarrollo de los estudiantes y entregan una señal sobre la importancia de implementar acciones sistemáticas para desarrollar aspectos no académicos que son fundamentales para la formación integral de los estudiantes. Como por ejemplo esta herramienta considera la Autoestima académica y motivación escolar. Un estudiante que se siente capaz académicamente y que está motivado por el estudio, es más probable que se interese e invierta esfuerzo en las actividades escolares. Este indicador considera la percepción y valoración de los estudiantes en relación con su capacidad de aprender y por otra parte las percepciones y actitudes que tienen los estudiantes hacia el aprendizaje y el logro académico.
En segundo lugar, es importante destacar también dentro de las variables a medir por parte de este instrumento es El clima de convivencia escolar afecta el bienestar y desarrollo socioafectivo de los estudiantes e impacta en su conducta, disposición y rendimiento durante las actividades escolares. Considera las percepciones y las actitudes que tienen los estudiantes, docentes y padres y apoderados con respecto a la presencia de tres dimensiones: Ambiente de respeto, Ambiente organizado y un Ambiente Seguro.
En relación con este punto quisiera hacer un reconocimiento especial a la Escuela Litoral Austral de la comuna de Puerto Aysén quienes como escuela y comunidad escolar son reconocida como una de las 10 mejores del mundo en la superación de la adversidad. Paralelamente durante años llevan trabajando un proyecto educativo enfocado en el desarrollo integral valórico de los estudiantes. Trabajando la autoestima, formación ciudadana, vida saludable, la música y las artes. El Colegio San Pablo buscar formar estudiantes que estén preparados para la vida y no solo para afrontar una carrera universitaria. Esta sociedad necesita más persona, con conciencia social y menos profesional individualistas.
La Escuela Litoral Austral ha sabido promover el progreso de los estudiantes en su totalidad de logros intelectuales, sociales, morales y emocionales, teniendo en cuenta su nivel socioeconómico, su medio familiar y su aprendizaje previo. Presentado una gestión eficaz maximizando las capacidades de los estudiantes para alcanzar estos resultados. Lo que supone adoptar la noción de valor añadido en la eficacia escolar.
Por tanto, para valorar la calidad educativa, el sistema educativo, no puede limitarse a evaluar solo los aspectos que SIMCE entrega, sino que cobra especial significado la percepción de los Otros Indicadores de Calidad Educativa que se entregan a los apoderados. Será, en gran medida, la satisfacción de los alumnos y familias lo que determine la excelencia de la institución escolar.








