El Ph en Economía de la Universidad de Oxford y profesor de la Universidad de Cambridge, muestra lo que a su juicio busca el Transpacífico y la insistencia por aprobarlo.
(Nota publicada originalmente en abril de 2021)
En lo que va del año 2021, el Gobierno de Sebastián Piñera envió a discusión al Congreso en carácter de suma urgencia al menos en cuatro oportunidades el denominado tratado TPP-11, también llamado Tratado Transpacífico, medida que ha sido ampliamente rechazada por la sociedad civil chilena, organizaciones de base y también algunos sectores políticos, lo que ha impedido que sea colocado en tabla para su discusión.
José Gabriel Palma, PhD en Economía de la Universidad de Oxford y profesor de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, participó como docente de la escuela sindical del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (CENDA). De entrada señala que el origen de esta iniciativa esconde a dos actores fundamentales. Por una parte el departamento de estado de Estados Unidos y un grupo específico de corporaciones norteamericanas.
En el caso del departamento de estado norteamericano, se involucra como una manera de saciar la “paranoia” con China, “que estaba creciendo mucho más que Estados Unidos y que es líder tecnológico en muchas áreas”, dice el reconocido docente internacional chileno.
Cabe señalar que las cifras económicas muestran que la tasa de inversión en occidente ha caído de forma considerable en los últimos años, incluida la tasa en investigación y desarrollo. El 75% de las tecnologías limpias del mundo, de energía y agrícolas se desarrollan actualmente en China.
“Por ejemplo, China e India tienen la capacidad productiva farmacéutica que falta en occidente”, ilustra José Gabriel Palma, en contacto con el Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (CENDA).
Esa razón, sumada al temor al desarrollo militar de China y el grado de dependencia productiva de Occidente, fueron razones suficientes para que se genere un tratado que buscaría aislar al gigante asiático. “El departamento de estado lo que quiso hacer fue crear un polo comercial, político, institucional paralelo a China. Estados Unidos sabe que el anzuelo que tiene para atraer a otros países del mundo, en especial países avanzados, los más interesados en tener acceso al mercado norteamericano, como Japón, Australia y Nueva Zelandia. Chile, como ya tenemos tratado comercial y tenemos acceso al mercado norteamericano en todo lo que nos interesa en forma bastante fuerte. El anzuelo, entonces, fue abrir espacios para bajar algunas tarifas y eso atrajo a Japón, Australia, Nueva Zelandia, Canadá y otros países y la condición número uno fue no incluir a China, que es el principal socio comercial de prácticamente todos los países que están en el tratado. Díganme la lógica de un tratado comercial en el que el principal socio comercial queda fuera”, dice el economista chileno más citado del mundo.
El tratado fue escrito por las Multinacionales
Y luego entró Chile, “pero cuando entró el borrador de casi todos los capítulos claves estaban escritos por abogados y lobistas de las corporaciones, a diferencia de la telenovela que cuentan en Chile, y negada públicamente, que las multinacionales habían escrito los artículos claves y después se descubrió que un asesor de la cancillería, contratado en un puesto internacional, les envió un correo electrónico y por transparencia eso salió a la luz y lo que era obvio, quedó más obvio”, explica Palma.
En el mundo existen dos lógicas, una del capital globalizado, corporaciones internacionales, incluyendo la chilena, con paraísos fiscales y gobiernos subsidiarios, “que se llaman así, porque lo único que hace es subsidiar al gran capital y la legislación” y otra con lógica de desarrollo nacional, que busca cierta autonomía.
“Y se nos ha dicho que son lo mismo y que no existe contradicción entre los intereses individuales de las corporaciones y los colectivos del país. Obviamente eso no es así, porque en una cantidad de áreas ya no pueden ser más contradictorios los intereses del capital globalizado y del desarrollo nacional y cada día es más obvio en el mundo. La cosa social comienza a moverse fuerte, lo que en Chile llevó al estallido social del 2019. Si no se hacía algo específico para garantizar que las cosas continuaran, podría haber problemas para las grandes corporaciones. La idea básica del TPP 11 es muy simple, congelar todo lo institucional y la política económica en los países miembros en el minuto en el cual se firma el tratado”, sostiene el economista más importante del país.
La idea sería que “toda la legislación que exista en el momento de firmar, continúe hacia adelante, pero cualquier cambio que se haga institucional, de política económica o de cualquier tipo que por alguna razón afecte la rentabilidad de las multinacionales, lo que incluye a las corporaciones chilenas internacionalizadas, que es un punto que en Chile se ha recalcado muy poco, ya que los más beneficiados con esto son las corporaciones chilenas que califican en el tratado como si fueran multinacionales, porque lo único que tienen que hacer para calificar es tener una oficina en Lima con tres personas o en cualquier otro país y pasa a ser una corporación internacional”, expresa Palma.
Lo que intenta el Transpacífico es congelar la legislación en el actual momento, de tal suerte que cualquier cambio que se quiera introducir a futuro, permita que las trasnacionales sean compensadas económicamente. “Cualquier cosa que se haga, desde subir el salario mínimo más allá de lo que las multinacionales crean que sea razonable o algo que perjudique a los capitales golondrinas o los controles de cambio”.
Países desarrollados versus Chile
El profesor de postgrado en Cambridge, agrega que “el argumento que siempre sacan quienes están a favor es si Australia, Canadá y Nueva Zelandia firman, que no son para nada tontos, cómo puede ser tan malo. Claro, lo que pasa es que ellos se congelan a un nivel de salario mínimo que es bastante más que el chileno, legislación de medio ambiente mejor que la chilena, al igual que la legislación laboral, política industrial, industrialización de las materias primas e igual en esos países hubo mucha oposición en contra, pero en un escenario bastante distinto”, puntualiza.
La situación –según Palma- es muy distinta a la de Chile, en la que existen “salarios de hambre” e incluso el sueldo mediano tampoco podría sacar a una familia de cuatro personas de la línea de la pobreza.
Palma reitera que “cualquier cosa que se haga en adelante, si afecta la rentabilidad de las corporaciones nacionales o internacionales hay que pagar compensación y no hay diferencia ninguna, entre si la razón por la que se haga algo es lógica, necesaria o tiene que ver con la salud pública o si la razón es arbitraria”.
Y entrega el ejemplo del uso de un pesticida que está prohibido incluso en Estados Unidos y que se usaría en Chile. Si se llegara a aprobar el TPP 11, Monsanto podría demandar al país, si se decide dejar de usar ese tipo de elemento nocivo para la salud de los chilenos. “Monsanto podría demandar al país. Lo básico del Transpacífico no es que no se puedan hacer cosas, retirar de uso un pesticida, cerrar brecha salarial, royalty de verdad, lo que sí es que hay que compensar por lo que se haga. En el caso de las mineras si se les aplicara un royalty podrían exigir la compensación, de tal modo que por una parte el estado recaudaría, pero por otra ese mismo dinero sería restado del erario público a través de una compensación”, sentencia el economista.
Cabe mencionar que en Cambridge José Gabriel Palma pertenece al grupo de investigación “Enfoques alternativos a la teoría económica y su metodología, y la historia del pensamiento económico”. De sus trabajos sobre desigualdad se derivó la formulación del “Coeficiente Palma” como índice alternativo al tradicional Gini para su medición, y de sus trabajos sobre des-industrialización surgió una nueva forma de entender (y medir) el “Síndrome Holandés”, y el concepto de “desindustrialización prematura.








