Felipe Quiroz Vásquez
Chilechiquense, Historiador, Militante de C.S. Aysén
La región de Aysén representó, en términos temporales, el último territorio por anexar dentro del imaginario nacional. Las fronteras delimitaban un adentro que no se veía ni se representaba más allá de la cartografía. Comunidades huichilles, chilotas, extranjeros y chilenos del todo el país, comenzaron a poblar este extenso territorio desde la entereza y motivación propia, ajenos a toda pretensión de colonización guiada por el Estado. No es adentrado el siglo XX que el Ejecutivo comienza a delimitar una presencia más fija, años después de la formación de las localidades, presentando el conflicto que persiste hasta nuestros días: un Estado que siempre llega tarde.
Hoy en día, podemos oír cómo comienza a levantar dentro del escenariopolítico un horizonte que busca transformar estas ausencias en posibilidades, apareciendo dentro de las grandes consignas el anhelo por un Estado que se oriente hacia la descentralización. Tanto en la constituyente como el eje programático del candidato presidencial Gabriel Boric, se comienza abrir un territorio fértil para alcanzar esta preciada meta que se oye de forma persistente en los territorios distantes de la metrópoli santiaguina: repensar en términos políticos y sociales las realidades regionales y su vinculación con el Estado.
Hablar sobre la descentralización es algo imperativo, más aún cuando tenemos frente a nosotras/os una crisis de gran envergadura como la que encarna por estos días la comunidad de la cual provengo, Chile Chico, y su persistente problema de conectividad. Este complejo escenario, evidencia la ausencia de Estado, y la incapacidad de este gobierno de manejar cualquier crisis que se le presente. Es en estos momentos cuando se torna patente lo conflictivo de las políticas estatales que se piensen desde el centro, incapaces de mirar o advertir las conflictos y urgencias que se requieren dentro de las regiones.
¿Cómo es posible que el Estado llegue nuevamente tarde? Llevamos prácticamente un siglo de omisiones y demoras, y cuando las tareas que se necesitan para ayer convergen con las urgencias de hoy, se hace visible la obligación de generar cambios y transformaciones sustanciales, y quizás un comienzo de estos cambios sea volver a repensar las formas y los modos con la cual se desarrolla y ejecuta el rol del Estado en su extenso territorio. La realidad que está atravesando Chile Chico es uno de los tantos conflictos que arrastra hace décadas esta forma de pensar las políticas públicas de forma centralizada, con miradas, proyectos y ejecuciones descontextualizadas, arribos tardíos, y un Estado que mira hacia las periferias del territorio sólo cuando ya es demasiado tarde.
Las historias no siempre están condenadas a repetirse, ya han pasado décadas del arribo de las y los colonos que se asentaron en estas tierras, y el contexto ya no es el mismo. Hoy en día no es posible construir el país que queremos, con miras hacia el futuro, sacrificando las necesidades de las regiones. Se erigen horizontes de nuevas posibilidades de la mano de un cambio que busca construir una nueva forma para pensar el territorio, y frente a ello, para intentar sopesar estas constantes crisis, que es necesario permanecer por el camino de las transformaciones, por un país más democrático y con miras hacia un futuro más promisorio.








