Leslie Bruna. Encargada Territorial Prevención Aysén. SernamEG.
Prevenir las violencias de género es un proceso socioeducativo que tiene como fin desnaturalizar aquellas visiones que pretenden situar las relaciones sociales de género como naturales, divinas y binarias (varón – mujer, masculino – femenino). A través de los procesos de socialización, se construyen normas, valores, actitudes y disposiciones respecto de cómo debe ser el mundo, qué es aceptable y qué no lo es. Como en todo proceso educativo, no hay neutralidad y, por ende, lo que se aprende en la familia, en la escuela, en el trabajo, y a través de las amistades y de la televisión, tiene mucho que ver con la sociedad en la que se vive y con su historia.
Nuestra sociedad es culturalmente diversa, pero mediante los procesos de dominación, ha quedado subordinada a la cosmovisión imperante occidental. Sus creencias, la moral, explicaciones, percepciones, instituciones, valores y costumbres se convirtieron en la norma cultural aceptada y en la ideología dominante, válida y universal, a esto le llamamos hegemonía cultural, la cual justifica el statu quo, el estado actual de las cosas, y busca convencer a las personas de que ese estado es natural, inevitable, perpetuo y beneficioso para todo el mundo, en lugar de presentarlo como un constructo social que solamente beneficia a un grupo social determinado.
Al nacer, y a veces incluso antes, se asigna a las personas un rol social que trae asociados estereotipos y prejuicios sobre la base de los genitales externos. Este rol social será después reforzado por la familia, por el entorno social y por los medios de comunicación.
Entonces cabe que nos preguntemos, ¿qué son los roles de género? Y aquí vamos a entenderlos como la función que se espera que desempeñe alguien en un lugar, en una situación. De esta manera, podemos ver que entra el patriarcado con su visión que pone a los hombres en el rol productivo, es decir, que salgan del hogar a trabajar de manera remunerada y a participar en la toma de decisiones ciudadanas. Para ellos son los espacios de poder y de responsabilidad, por los cuales competirán con sus pares para lograr dominar todos los espacios en que se muevan. A las mujeres, en cambio, se les asigna la función reproductiva, no solo en términos de la reproducción biológica, o embarazarse y parir nuevas personas para la sociedad, sino que también la reproducción ideológica del sistema; o sea, se les adjudica la labor de transmitir las normas culturales a las crías a su cargo. A las mujeres se les encargan los trabajos no remunerados en el hogar y, si trabajan fuera de él, que lo hagan en rubros asociados a la limpieza doméstica, el servicio y el cuidado de otras personas. También se espera que eviten la confrontación, que cedan en sus posiciones y que se mantengan subordinadas y sumisas en los diferentes espacios en que estén.
Entonces es evidente que estas pautas culturales se han creado a partir de los estereotipos de género, y han servido de justificación para el asentamiento del sistema patriarcal, como sucede con la imposición de una mirada dual o binaria que separa la cultura (asociada al hombre) de la naturaleza (asociada a la mujer); los espacios públicos de los espacios privados o domésticos; por esto resulta imperante que todas las personas trabajemos en este cambio, que no busca otra cosa que una mirada más horizontal, sin subordinaciones, donde el respeto por estas diferencias sea la base de la construcción de relaciones sanas en todos los aspectos de nuestras vidas, erradicando la violencia, intentando eliminar nuestros prejuicios de nuestra cultura.








