Leslie Bruna. Encargada Territorial Prevención Aysén. Sernameg.
Históricamente este concepto de Amor Romántico o el modelo amoroso en Occidente ha sido naturalizado como un instinto irrefrenable, sin embargo, es un fenómeno social que está influido por aspectos evolutivos y factores históricos, políticos e individuales, que se sustenta en diversos mitos: la idea de que el amor es solo algo que se siente, una conducta instintiva, y que la relación amorosa, cuando es verdadera, se da sin problemas de comunicación y sin necesidad de explicitar necesidades, se concibe, simplemente, como algo mágico e indescriptible.
Bajo esta descripción, resulta imperante, desarrollar una conciencia de género, para entender cómo se establece el concepto de amor romántico, y lo primero es poder reconocer que la violencia que se vive al interior de una relación no es un fenómeno individual, sino que está directamente relacionado con los mensajes dominantes presentes en la cultura patriarcal de la que se forma parte. De este modo, se requiere también pulir la capacidad de reconocer las desigualdades de género, producto de los estereotipos y roles asociados a esta cultura patriarcal, que determina los comportamientos esperados para mujeres y hombres, de acuerdo con lo “femenino” y lo “masculino”.
En este sentido, el primer paso para la construcción de una relación de amor libre tiene que ver con tomar conciencia de que existe un modelo dominante del amor, y observar cómo este se expresa en las propias relaciones.
Por esto es importante mirar que desde las concepciones más actuales en torno a las relaciones amorosas, así como desde los principios éticos de la no-violencia y el amor libre, la propuesta es pensar el amor como una acción y un hacer continuo. La relación amorosa se plantea como un vínculo con la otra persona que se crea sobre la base de la interacción, la comprensión y negociación entre las partes, como una práctica amorosa en la que somos parte activa y creadora. En cambio este concepto que hemos incorporado en nuestra cultura, de amor romántico, entiende el amor como algo que nos sobreviene y atrapa, libre de cuestionamientos, donde todo se puede, donde se naturaliza el control y los celos como muestras de amor.
Para poder cambiar esta visión arraigada culturalmente y propender a construir relaciones sanas, debemos incorporar este concepto de amor libre, que es una forma de relacionarse sexo-afectivamente de manera honesta y consensuada, sin presuponer la propiedad de la otra u otras personas con las que se forja la relación, ni de sus sentimientos, acciones o pensamientos. No necesariamente tiene que implicar a más de dos personas, puede haber un acuerdo de exclusividad temporal o permanente y aun así tratarse de amor libre.
Lo importante es que los vínculos que se establezcan sean honestos, responsables, comprometidos, respetuosos y horizontales, tanto con la otra parte como con uno mismo, con las amistades, las hijas e hijos, las y los colegas, etc. Un amor libre es aquel en el que se obra por voluntad propia, no bajo coerción de otra persona o de lo que socialmente se espera de uno o de la relación.
Te invito entonces a mirar tu relación, qué características tiene, cómo te gustaría vivirla, y la propuesta es: Concebir el amor libre donde el respeto, la negociación, la horizontalidad sean los aspectos fundamentales de tu relación.








