Claudia Torres Delgado para Tehuelche Noticias
Este 26 de julio se conmemora la muerte y en realidad el paso a la inmortalidad de una de las mujeres más importantes de la historia Argentina y del mundo.
La primera vez que escuche el nombre de Evita, como se le dice de cariño, fue cuando niña, hace más de 35 años. Mi madre, una niña de origen muy pobre, hija de un obrero y una mujer que nunca pudo ir a la escuela, nació el año 1938 en Puerto Aysén un Pueblito pequeño en la zona sur austral de Chile. Familia numerosa y con carencias materiales profundas, de esas de pies descalzo y ropita de hecha de bolsa de harina. Nunca tuvo juguetes para navidad, solo un muñequito de más de pan dulce con ojitos de pasas que mi abuela les hacía para suplir en algo ese deseo. Mi vieja me decía que ella improvisaba un vestido para ese muñequito fuera lo más parecido a un juguete.
No recuerdo bien el año, pero debe haber sido a finales de la década de los 40, cuando mi madre recuerda que llegó algo que marcó para toda la vida su infancia, una muñeca, una de verdad, con carita, ojitos de vidrio y un vestido. Mi vieja, me describe que cuando se la entregaron no podía créelo y corrió hasta su casa para mostrársela a mi abuela, y contarle que una mujer les había enviado juguetes a todos los niños y niñas del pueblo.
Esa mujer era Eva Perón, ese nombre mi madre lo atesoró toda su vida, para ella Evita fue una las mujeres más importantes en su infancia. Con ese recuerdo conocí a Eva. Esta mujer que cobra más sentido y curiosidad para mí, desde que vivo en su amada patria.
¿Quién era Eva Duarte? Estudiando parte de la historia de su vida y del rol que tuvo en la política nacional, me encontré con muchos datos, de origen humilde, era una artista actriz y destacada voz de radio, colmo las calles y el balcón de la casa de gobierno con relatos de amor de ida y vuelta con un pueblo pobre. Por supuesto que también tuvo críticas, que Evita no era feminista, que quiso apropiarse del protagonismo del derecho a voto femenino de las luchas de las sufragistas, que inició el asistencialismo y dependencia de los pobres con el Estado.
Pero dejando las pasiones por un momento y revisando su corta historia con el pueblo argentino, pensé, Eva era una piba! Cuando asumió protagonismo Perón tenía tan solo 28 años, y con un coraje de pertenencia se atrevió a salir de la clásica posición de la esposa de un gobernante.
Pensé además en los años donde se sitúa su historia, años 40, que estaba permitido a una mujer en la sociedad, en política. Eva podría haber seguido las practicas políticamente correctas, de una primera dama, organizar cenas, tecitos y ostentosos banquetes con las mujeres de la aristocracia criolla, para hablar de la vida, de la familia, de cómo ayudar a los pobres desde la caridad.
Pero Eva fue más allá, de hecho, estuvo más abajo que arriba. En sus cortos años de gestión y su corta edad, enarbolo como bandera el discurso de los derechos de los pobres y trabajadores, de las madres, de los pibes, de las mujeres en política. Empujó con fuerza el voto femenino que venía de luchas anteriores, pero que la hizo suya.
En pocos años levantó escuelas, policlínicos, hogares para mayores, hogares para mujeres y niños sin casa como los hogares de tránsito, fundó de escuela de enfermeras, hogares escuelas, siempre pensando en estos espacios no como lugares de ayuda solamente, sino como una forma de que la sociedad y el Estado entienda que debe hacerse cargo con los mismos y legítimos derechos que todos y todas.
Le habló fuerte y claro a los poderosos de aquí y del norte. Eva recorrió las calles, y como una gran estadista, cedió su posibilidad de tener poder institucional mayor, para preocuparse de llevar esperanza y un mensaje claro, los pobres y los y las trabajadoras son sujetos de derechos, no de caridad.
Entendiendo las críticas políticas que pueden hacer algunas y algunos hacia su figura, tratándola muchas veces como si fuera una política de 70 años, en una Argentina de hoy. Me quedo en el contexto, en su edad, era un piba!!
Evita internacionalista! Su legado fue repartir amor profundo y respeto por los otres, fue reconocer que, sin ese pueblo descalzo, descamisado ninguna patria se construye. Pensó además en dolor y los sueños fuera de las fronteras y ahí tengo un dato como evidencia, de quien fue Evita, ella hizo profundamente feliz a una piba muy lejos de acá, en el sur de Chile y eso para mí es suficiente.







