Por Claudia Torres Delgado
Libertad, la definición de esta palabra hermosa por lo demás es apropiada de meras diversas, como diversos son los pueblos. La libertad es un concepto construido por la sociedad para alcanzar una convivencia plena y constructiva y está consagrada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Cuántas veces escuchamos la palabra libertad, asociada principalmente a la acción, ser libres para hacer. Pero la libertad implica por cierto una disputa constante. Libertad es el opuesto a la opresión, a los sistemas creados por los seres humanos para controlar e instrumentalizar a sus iguales, aunque en la práctica sabemos que los que nos oprimen no nos ven como iguales, porque no lo somos.
Hace más de 200 años, esta palabra fue esgrimida por hombres y mujeres, que muy poco se las menciona, contra la opresión de colonizadores, que llegaron cargados de espada, pólvora y biblias y que en nombre de sus propias opresiones no descubrieron un territorio nuevo, sino que conocieron un sin limite de oportunidades de apropiarse de todo lo que les hacía falta.
En esta operación y larga noche desde 1492, comenzó la disputa por nuestra libertad como oprimidos. Los pueblos que originalmente habitaban esta parte del mundo, tuvieron que enfrentarse al saqueo, violencias y horror. Comenzó el primer gran genocidio, luego vinieron cientos de batallas, desiguales por vivir.
Se dividieron los territorios, se constituyen los Estados y naciones bajo el yugo Europeo. La libertad siguió siendo palabra en disputa, la resistencia a seguir por más siglos de esta opresión se encarnó en luchas constantes siendo una de las más importantes, la independencia.
El 9 de julio de 1816, la asamblea del Congreso de Tucuman, tomó la decisión de declarar la Independencia de la Argentina, donde se decide la ruptura de los vínculos de dependencia política de las Provincias del Río de la Plata con la monarquía española. Luego de unos días ese mismo Congreso renunció también a toda otra dominación extranjera, siendo parte entonces del movimiento de independencia de hispanoamérica con la dominación española.
Este hito marcó sin duda una victoria popular en aquellos años, tan así que la consagramos como el día de la independencia hasta hoy.
¿Pero fuimos y somos realmente independientes? ¿Consagramos la libertad sin ningún tipo de opresión para ningún habitante de Argentina?. Los hechos y las historia nos dicen otra cosa. Desde esa fecha muchos pueblos de nuestra América proclamaron victoriosos su independencia, su libertad, sin embargo, ese valor sigue siendo para unos pocos.
Las mujeres no eran libres, hasta hoy no lo somos complemente, los pobres no eran libres los Coya, Aymará, Mapuches, no eran libres. Sin entrar en las posteriores y continuas luchas de estos pueblos y naciones al interior de la gran nación Argentina. Podemos ver entonces, que la libertad no se constituye como algo determinado y ajustado a tiempo y espacio, sino que se sigue disputando cada vez que un pueblo siente que no la tiene como condición igualitaria, garantizada y respetada.
Es por eso, que siglos después seguimos hablando de colonialismos, en las palabras, en la espiritualidad, en los derechos, en nuestras formas de desarrollarnos, en el lenguaje y en la comunicación.
Los días de la independencia no quedaron atrás, hace pocos día Chile tuvo el inicio de uno muy esperado, el 4 de julio, fecha que ahora recordaremos como el camino a nuestra independencia mayor, comenzó la Convención Constitucional, como sacado de un cuadro de la colonia, pero esta vez eran los y las excluidas quienes alzaron su voz y fueron elegidas en un espacio lleno de mandatados y mandatadas de todo Chile. Eligiendo como líder a una mujer, mapuche, profesora y feminista. Elisa Loncón Antileo, crecida en un Chile que los miró por siglos, como inferiores, que los despojó de toda posibilidad de libertad, que los encarceló por ser indios, Elisa, alzó su bandera junto con la Machi Francisca Linconao, autoridad de un pueblo grande y valiente, ambas con colorida vestimenta y una bandera del pueblo nación mapuche, nos dejaron un mensaje, esta vez Chile comienza forjar su libertad y a escribir su historia mirando el camino andado y que nunca más será sin nosotres.
Con esperanza vemos un renacer diverso, una liberación contundente de los y las oprimidas, la libertad tan anhelada, en este caso del yugo Pinochetista. Cada nación, cada territorio y sus pueblos estamos en permanente búsqueda de nuestra libertad, no para elegir hacer los que se nos cante, ni comprar todo lo que nos alcanza, ni mucho menos para decir todo lo que se nos ocurra.
La libertad es justicia social, es la paz y bien común, es diálogo y no violencias, es la posibilidad de atesorar y caminar con la memoria como principio sin fin, es pensar en los demás, es el ejercicio de poder decir y expresar, de tener información necesaria para decidir.
Independencia y libertad, será cuando nos digan donde están nuestros desparecidos, cuando no tengamos presos políticos, libertad de ver crecer a nuestros pibes bien alimentados, pudiendo estudiar en la universidad, independencia de no pagar más con nuestro laburo al FMI, donde los pibes y las pibas puedan caminar sin miedo a un gatillo fácil, independencia de vivir sin glifosato y residuos mineros en el agua, libertad sin pueblos originarios perseguidos y encarcelados.
Y algo tan importante, independencia de autodeterminación, como derecho a decidir por nosotres desde nuestras culturas, creencias e historias.
¡Viva la independencia! como motor de búsqueda constante de libertad, ¡vivan los pueblos! que comienzan a tejer un nuevo destino y ¡viva Argentina! con su dignidad de reconocer que aún no estamos todos en esta fiesta de emancipación.








