Si bien es cierto a esta hora no existe claridad sobre lo ocurrido en Villa O’Higgins, tras el baleo a dos jóvenes, uno de ellos con lesiones de gravedad. Lo que conocemos por el momento es la versión del Ejército, que informa de una situación en la que militares habrían sido agredidos por un grupo de personas y que tras ello, habrían actuado disparando sus armas.
No obstante, la versión de la familia del joven malherido, si bien reconoce que efectivamente había un grupo de jóvenes compartiendo, matizan con que habrían estado en el sitio de una vivienda, no en la vía pública y que no serían más de 8 personas, las que se encontraban pasadas las 11 de la noche en el lugar.
Allí, según informa la madre del afectado, los militares habrían ingresado para conminarlos a que dejaran de compartir, lo cual generó la situación descrita. Recordar que ni Carabineros, ni menos el Ejército, cuentan con la facultad para hacer ingreso a recintos particulares.
En este tipo de situaciones confusas, que está en juego la vida de las personas, es lícito preguntarse si se justifica que las Fuerzas Armadas se desplacen por las ciudades, con armamento de grueso calibre en un toque de queda que sólo podría servir para quienes deben guardar cuarentena obligatoria, pero no para las personas que en regiones como la nuestra, se desplazan mínimamente tras las 22 horas. De hecho, todos sabemos que después de ese horario las personas tienden a no reunirse y las aglomeraciones son muy escasas.
Por eso poco se entiende que casi 21 mil militares se encuentren en la calle desde el pasado 22 de marzo, cuando se decretó toque de queda nocturno para el país, a raíz de la pandemia por coronavirus y que tiene como objetivo disminuir los contactos sociales y garantizar que los ciudadanos cumplan con las medidas de aislamiento obligatorio.
La situación para muchos fue un Deja Vu y evoca lo ocurrido en Dictadura, con la prohibición de desplazamiento y la militarización de las calles, tal cual había ocurrido también en la revolución popular de octubre pasado.
Que en un pueblo de 300 habitantes ocurra un hecho significativo como este, que un joven se encuentre con riesgo vital; debe hacernos pensar si el toque de queda cumple con su objetivo, sobre todo en localidades pequeñas y aisladas como las que existen en Aysén.
Ahora bien, cabe preguntarse, si un toque de queda habilita a los militares para detener personas o esa facultad recae en Carabineros, que son las fuerzas de orden y seguridad. Más aún si se logra comprobar que ingresaron a un sitio particular. Claramente se trata de una acción que no les corresponde y que además se intenta “limpiar” a través de un supuesto enfrentamiento.
En estos casos hay que recurrir a la imagen e historia institucional, que nos hace dudar del modus operandi del Ejército de Chile, siempre envuelto en situaciones poco claras, desde el robo de dinero, hasta supuestos enfrentamientos, que más tarde son desmentidos.
También cabe analizar si los militares actuaron conforme al protocolo o simplemente dispararon sin las advertencias necesarias. Estos soldados jóvenes, probablemente se vieron superados por el momento y ante la poca experiencia actuaron de la peor forma posible. La Fiscalía está realizando las pericias auxiliada por el Laboratorio de Criminalística de Carabineros (LABOCAR) y el Fiscal Regional se haría presente también para indagar los detalles.
Esto nos lleva a la pregunta inicial, es necesario un toque de queda en localidades aisladas como Villa O’Higgins, que en más de cuatro meses de Pandemia no han registrado casos positivos, que por estos días además ni siquiera pueden trasladarse a Tortel o Cochrane, ya que la barcaza en Yungay no se encuentra operativa. Cabe señalar que en Isla de Pascua, el propio Gobierno explora la posibilidad del retorno a clases, luego de más de tres meses sin casos COVID 19.
Cabe preguntarse si se sigue justificando un toque de queda nacional y si está cumpliendo con los objetivos o es solo una estrategia para mantener control sobre la población y no sería mejor invertir en más educación sanitaria, dejando en un segundo lugar las prohibiciones de las libertades individuales.




