Se vienen meses frenéticos en lo político. El arrollador triunfo del Apruebo y Convención Constitucional el 25 O, obligan a no perder tiempo y junto con estudiar, entender y forzar el proceso hacia una Asamblea Constituyente, se debe buscar la mayor unidad posible con las distintas fuerzas sociales y políticas para presentar candidatos y candidatas que reflejen las múltiples miradas de país.
El 11 de enero es la fecha perentoria para inscribir las candidaturas, pero antes deberá existir una profunda discusión en los territorios para democratizar la política y descentralizar Chile desde la mirada local, a través de cabildos territoriales.
La tarea que se viene es titánica, porque no debemos desconocer que los partidos políticos que firmaron el acuerdo del 15 de noviembre de 2019, se aseguraron que existan muchas dificultades para llevar a cabo los cambios, entre ellos que 1/3 de los convencionales puedan tener poder de veto y ese porcentaje es fácilmente alcanzable por la derecha, más aun si actúa en unidad, mientras la centro izquierda se dispersa en varias listas y con la presencia de independientes. Los partidos políticos del “acuerdo” buscarán retomar el control perdido y habrá que estar atentos a sus movimientos, como en Gambito de Dama, la serie de Netflix estrenada hace poco, donde una niña recorre el mundo jugando ajedrez, como genio precoz del denominado “deporte ciencia”.
Todo ello podría afectar seriamente las intenciones de generar cambios estructurales al sistema, que es a nuestro juicio, lo que Chile dijo claramente el 25 de octubre pasado.
Por eso, habrá que dejar de lado los egoísmos y cálculos pequeños, para encontrar la unidad entre todos los sectores que esperan dejar atrás el neoliberalismo, que se traduce en bajas pensiones, ausencia de leyes laborales que favorezcan a los trabajadores, en un sistema económico que privilegia el extractivismo sin cortapisas y con baja regulación medio ambiental, en salud y educación precaria para la amplia mayoría de chilenos y chilenas.
Sin embargo, es posible avanzar si los sectores populares, más fuertemente golpeados por la crisis, se unen y asisten a votar en abril. Ya lo hicieron este 25 de octubre, lo cual fue una señal de re encantamiento con la participación y la política, pero hay que avanzar más.
Nuestros candidatos a convencionales deberán mostrar un trabajo desplegado en el tiempo, conocimiento del territorio, una base sólida, consecuencia y trayectoria, ya que ser independiente y aparecer de un día para otro, no es motivo suficiente para creer en él o ella. Por cierto, no se trata de elegir santos, como dijo alguien por allí, pero deben ser personas en las que se pueda confiar, que respondan al colectivo y al bien común, por sobre sus intereses propios, no aparecidos de último minuto y además estar sujetos a un programa elaborado desde la base social y estar convencidos de él.
Por otra parte, los partidos políticos deberán hacer esfuerzos para construir confianzas, es decir, servir de puentes entre la sociedad civil y los deseos de cambios desde la honestidad acerca de las ideas que representan.
Mientras todo esto ocurre, y de forma paralela, el pueblo debe seguir movilizado, no hay que abandonar la calle, porque es la única manera de presionar para ejecutar los cambios. Será difícil, sin duda, nada ha sido fácil para el pueblo, pero bien vale la pena dar la lucha, estresar el sistema político, profundizar la contradicción entre quienes están por seguir con el actual modelo y la amplia mayoría que prefiere avanzar hacia un sistema más justo para Chile.




