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Desde el año 2005 Chile, junto a Panamá, es el país con mejor PIB per cápita de toda Latinoamérica, lo que se traduce en casi 26.000 dólares, es decir, unos 22 millones de pesos por cada habitante del territorio. Una cifra que nos ubica ad portas del desarrollo, si sólo se midiera este elemento de la ecuación. Sin embargo, junto con esos auspiciosos guarismos es la economía más desigual del continente, por lo que de nada sirven los números si no se traducen en medidas concretas para sus habitantes y una mejor calidad de vida para todos y todas.
En estos días de pandemia universal, vemos como nuestros vecinos adoptan medidas que buscan mitigar los efectos económicos del coronavirus y lo hacen con fuerza y decisión. Perú, por ejemplo, cada 15 días les entregará un bono de 380 soles, unos 80 mil pesos dos veces al mes, a las familias más vulnerables. Su ingreso per cápita es menor a un tercio del que ostenta Chile, donde como gran cosa se entregará un miserable bono de 50 mil pesos por única vez, un dinero que además tiene mucho menos poder adquisitivo para la compra de productos básicos que en Argentina y Perú.
Precisamente en Argentina, se han adoptados todo tipo de medidas para los trabajadores en cuarentena obligatoria, manteniendo sus sueldos y sus puestos laborales, entre otras medidas muy agresivas para resguardar la salud y la vida de sus habitantes.
Tanto Argentina, como Perú, al menos duplican la población de Chile y geográficamente son países muchos más grandes si observamos su extensión continental, ambos han logrado contener los contagios hasta ahora de forma importante. Perú no llega a los 5 mil casos y Argentina, con más de 40 millones de habitantes, no llega a los cuatro mil, si bien es cierto ambos tienen más muertes que nuestro país.
Cuando la pandemia todavía no golpea con fuerza a Chile y las autoridades se esmeran por hacer coincidir un discurso que habla de ventiladores mecánicos adquiridos en enero, cuando la evidencia dice marzo, cuando debemos dar por sentado que en Aysén no tendremos equipamiento esencial hasta agosto, con suerte, mucha suerte, la preocupación crece en las calles y poblaciones de nuestro Aysén.
Ante este escenario poco alentador debemos extremar los cuidados, sobre todo la población más vulnerable, porque la situación para junio y julio puede ser muy delicada para quienes habitamos en Aysén, desde lo sanitario y lo económico.
Otros países logran contener los contagios porque tienen sistemas de salud pública más preparados que el nuestro, porque el desmantelamiento del cual también han sido objeto, no ha sido tan profundo como en Chile.
A nadie en estas circunstancias le conviene que al Gobierno le vaya mal, todos queremos salir de esta pandemia con las menores cifras de enfermos y muertos posible, pero nunca es exagerado anteponerse a la crisis cuando de salud y vida se trata.
Es el momento que el Gobierno pueda mostrar a todo el país que puede gestionar de buena manera, con los enormes recursos que poseemos, respecto a nuestros vecinos a los que tanto hemos menoscabado por sus menores cifras económicas y desarrollo.
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