Si, estamos cumpliendo año, siete para ser precisos. Nacimos el año 2019, periodo convulso que permitió visibilizar la revuelta popular de octubre y luego la pandemia, en un gobierno encabezado por Sebastián Piñera. Fueron días y años de opresión y de medidas que generaron un nuevo mundo, una nueva retórica marcada por la distancia y cruzada por el acceso al celular, la tablet, el notebook o cualquier dispositivo conectado a la Red.
Somos un medio pequeño, con todas las limitaciones que impone un sistema que solo entrega facilidades a los grandes medios, incluso salvándolos una y otra vez de la quiebra, lo hizo Piñera y también Boric, ambos partes de la misma clase social y que responden, con sus matices, a los mismos principios y lógicas neoliberales. Ninguno hizo nada por aplicar reformas y alentar iniciativas pluralistas en una sociedad variopinta, pero en la que parecieran existir solo un par de miradas y donde se excluyen muchas otras.
No obstante decir que Aysén está huérfana de voces críticas puede sonar convincente, pero no resiste un análisis más fino. En una región históricamente aislada, con brechas de conectividad, dispersión territorial y una economía frágil, la existencia misma de medios alternativos ya es un acto político y de resistencia. Por eso el problema no es solo que no existan voces contestatarias, sino que estas operan en condiciones estructuralmente desventajosas que muchas veces ellas mismas no logran superar, acorralados por el día a día
El centralismo mediático es real, las agendas informativas siguen definiéndose en Santiago, y lo que ocurre en Aysén suele aparecer solo cuando hay conflicto o una catástrofe. Sin embargo, culpar únicamente a los grandes conglomerados invisibiliza una tensión más incómoda y que sin duda nos incluye como medio regional alternativo, muchas veces no logran consolidar audiencias, financiamiento, ni continuidad editorial. La épica inicial no basta para sostener proyectos en el tiempo y por eso cumplir siete años a puro pulso no es un dato que puede pasarse por alto.
En Aysén, además, el poder no se expresa únicamente a través de grandes medios nacionales, existe un entramado más difuso que incluye avisaje público limitado, dependencia de fondos concursables, relaciones estrechas entre autoridades locales, empresas y medios pequeños, que muchas veces desvirtúan la línea editorial de esos medios.
Este ecosistema genera incentivos a la autocensura o, al menos, a evitar conflictos que pongan en riesgo la supervivencia del medio. No se trata necesariamente de censura directa, sino de una precariedad que condiciona o la peor de las censuras, la autocensura.
Ninguna administración ha impulsado cambios profundos en descentralización mediática, pero también es cierto que la demanda por esos cambios no ha logrado articularse con suficiente fuerza desde las propias regiones.
La crítica a la falta de pluralismo también debe mirar hacia adentro. En Aysén, muchas iniciativas comunicacionales nacen al calor de coyunturas tales como conflictos socioambientales, movilizaciones o procesos constituyentes, pero luego pierden continuidad. Falta construir medios que no solo reaccionen, sino que investiguen, conecten y sostengan una agenda propia en el tiempo.
Por otra parte, atribuir el avance de discursos más conservadores, representados por figuras como José Antonio Kast, exclusivamente al rol de los medios, es insuficiente. En territorios como Aysén influyen también el abandono histórico del Estado, la inseguridad económica, el desencanto con procesos políticos recientes y la distancia entre las élites, incluidas las progresistas, y la vida cotidiana regional, en la región con menos calidad de vida del país, si consideramos como calidad de vida acceso a salud, educación, cultura y medio ambientes sanos.
Más que una ausencia total de voces críticas, lo que hay en Aysén es una disputa desigual entre medios pequeños, muchas veces comprometidos y valientes, enfrentados a limitaciones estructurales profundas y a sus propias dificultades para sostenerse y crecer.
Mientras y desde la convicción profunda de que todo esfuerzo debe ser sostenido en el tiempo, continuaremos entregando nuestra mirada editorial, desde la izquierda, sin complejos ni temores a ustedes, a quienes debemos nuestra existencia.
Es momento de agradecer también las muestras de apoyo que durante estos años hemos tenido y que nos siguen impulsando a continuar haciendo este Tehuelche Noticias, periodismo que hacemos juntos.








