¡Cuídate, Chile, de tu propio Chile!
¡Cuídate del pobre que odia al pobre,
del rico que teme al espejo de su riqueza!
¡Cuídate del que jura amar la patria
y vende su alma por una licitación pública!
¡Cuídate del pueblo que olvida sus muertos
y de los muertos usados como bandera!
¡Cuídate del héroe que pide aplausos
y del mártir que busca cámaras!
¡Cuídate del que reza con odio,
del que promete justicia desde la impunidad,
del que invoca la libertad para encadenar al otro!
¡Cuídate de la bandera sin pueblo,
del pueblo sin memoria,
y del himno que se canta con la boca cerrada y sin corazón!
¡Cuídate del que educa sin aprender,
del que gobierna sin servir,
del que cura sin alma y sin mirar los ojos!
¡Cuídate del que quema buses por rabia
y del que mira arder con indiferencia!
¡Cuídate del juez que teme juzgar
y del inocente que calla por cansancio!
¡Cuídate de la democracia convertida en trámite,
del derecho convertido en negocio,
del trabajo convertido en castigo!
¡Cuídate del que dice “en la medida de lo posible”,
del que dice “ya superémoslo han pasado más de 50 años”,
del que dice “siempre ha sido así”!
¡Cuídate del nuevo poderoso,
del falso neutral, que dice ser clase media.
del que te abraza con cálculo y sonrisa de encuesta por tu voto!
¡Cuídate, Chile, de tu propio Chile!
¡Cuídate del futuro sin ternura,
de la justicia sin memoria,
y de la memoria sin justicia!
Miguel Angel Rojas Pizarro
Psicólogo Educacional – Profesor de Historia – Psicopedagogo.








