Por: Miguel Ángel Rojas Pizarro
Psicólogo Educacional – Profesor de Historia – Psicopedagogo
@Soy_Profe_Feliz – psmiguel.rojas@hotmail.com
“Cumple tu deber con firmeza, sin apegarte al fruto de la acción; pues la verdadera libertad está en actuar por el bien común y no por la recompensa.” — Bhagavad Gita
En Chile se ha vuelto costumbre: En cada elección, algunos partidos apuestan por rostros de farándula o figuras mediáticas, como si el Congreso fuera un set de televisión y no una institución al servicio del pueblo. A meses de las próximas parlamentarias, Renovación Nacional (RN) insiste en esta fórmula, proponiendo a Marlen Olivarí participante del reality Mundos Opuestos y a Pablo Herrera, cantante devenido en comentarista político.
Pero el Parlamento no es un reality. Es un trabajo que exige preparación, compromiso y dedicación, financiado con el dinero de todos. Esta estrategia de captar votos mediante popularidad, sin evaluar competencias reales, ya nos ha dejado malas experiencias: Pamela Jiles, María Luisa Cordero, Hotuiti… nombres que han contribuido a deteriorar la credibilidad de la política.
Según la Encuesta CEP de abril 2024, solo un 2% de los chilenos confía en el Congreso y apenas un 3% confía en los partidos políticos. Esta desconfianza no es casualidad: responde a décadas de prácticas cupulares que desplazan a las bases y privilegian el marketing electoral por sobre la vocación de servicio.
Golpe a las bases militantes, el problema no es solo quién se postula, sino el mensaje que reciben las bases. ¿Qué pensarán quienes han militado durante años, caminando bajo la lluvia, organizando actividades y defendiendo a sus vecinos sin cámaras, al ver que los cupos se entregan a figuras sin trayectoria política ni arraigo territorial?
En Aysén, la historia se repite. Una región donde la política se hace con botas en el barro y mate en la cocina sigue recibiendo candidatos impuestos desde Santiago o desde negociaciones cerradas, ignorando a dirigentes que conocen la realidad de Villa O’Higgins, de las islas, de las escuelas rurales y de las postas de salud en sectores aislados.
No es un fenómeno exclusivo del sur. En Valparaíso, el Partido Socialista impuso como candidato al Senado a José Miguel Insulza, quien venía de representar a Arica. ¿Consultaron a las bases? ¿Qué tienen en común, económica y socialmente, Arica y Valparaíso?
Traición a la memoria y a los principios, este fenómeno es transversal. Un ejemplo doloroso es el trato del Frente Amplio hacia Gustavo Gatica, símbolo de la lucha por los derechos humanos, quien perdió la vista por violencia estatal. En lugar de proteger su valor ético e histórico, su figura fue relegada o usada para “turismo político” en territorios donde no reside. Con ello, se abandona la brújula moral, se traiciona la carta de principios y se refuerza el relato de la ultraderecha que busca criminalizar el estallido social.
Las preguntas incómodas, Siguiendo la mayéutica socrática:
- Cuando asumió el gobierno de Gabriel Boric, ¿cuántos militantes creyeron que las bases tendrían voz real y que las designaciones serían para el territorio y no por compromisos personales y se enteraron por la prensa las designaciones?
- Cuando asumió el gobierno de Boric ¿cuantas autoridades fueron a las mesas políticas diciendo que iban representando a sus militantes y misteriosamente se eligieron ellos mismos como seremis en la región de Aysén? Son una vergüenza.
- ¿No hemos visto seremis y autoridades que usaron el cargo para beneficio propio y de sus cercanos, olvidando a quienes hicieron posible su llegada?
- ¿Cuántos asumieron cargos relevantes sin años de militancia ni trabajo territorial, siendo fuera de la región, solo con la promesa de lealtad a las cúpulas?
- Y ahora que se acercan las elecciones, ¿no buscan el respaldo de las mismas bases que ignoraron, solo porque ven amenazado su puesto?
- Y ahora que se acercan las elecciones, ¿no buscan el respaldo de las mismas bases que ignoraron durante todo su mandato, solo porque ven amenazados sus cargos y privilegios? ¿No es acaso en este epílogo de gobierno, y por miedo a perder el poder, cuando de pronto se acuerdan de algunos militantes, ofreciéndoles trabajos inestables y sin proyección, más como un pago político que como un reconocimiento real a su compromiso?
- Esos mismos acomodados, que hoy tiemblan ante la posibilidad de perder sus privilegios, pronto llegarán con una sonrisa forzada y una bandera en la mano, pidiendo el voto como si nada hubiera pasado. Hoy es el momento de enrostrarles, sin titubeos, lo miserables que fueron y recordarles que son responsables directos de la decadencia, la fuga de militantes y las renuncias que han vaciado a nuestros partidos.
El deber de romper el silencio, si no reaccionamos hoy, repetiremos la misma historia: Rostros nuevos con prácticas viejas. Las bases no pueden seguir siendo un número para el Servel ni un escalón para que otros trepen. Es hora de recuperar el proyecto colectivo y poner el territorio por sobre la ambición personal.
En 2023, los partidos políticos chilenos declararon un gasto total de $38.000 millones en campañas, según el Servel. Con semejante inversión, es inaceptable que las decisiones se sigan tomando en cuatro paredes, ignorando a quienes sostienen el trabajo político real: Las bases militantes.
En estas elecciones no basta con votar: hay que exigir procesos internos democráticos, primarias reales, transparencia en las designaciones y respeto por quienes han sostenido el trabajo político durante décadas. Porque si el silencio es hoy, la derrota será mañana.
“Cuando la causa es justa, no temas al combate; luchar por el bien común es la más alta forma de servicio.” — Bhagavad Gita








