Elías Muñoz Oyarzo
El ascenso de Benito Mussolini en Italia en las primeras décadas del siglo pasado no fue una casualidad. Fue el fruto y la consecuencia de problemas económicos, una clase política confundida y la geopolítica que buscaba reacomodarse tras la primera guerra mundial.
A cien años de la llegada del fascismo en Italia y otros países de Europa vemos un resurgir de las ultraderechas en todo el mundo, con gobiernos de corte autoritario y discursos antiguos disfrazados de nuevos.
Por eso declaramos desde este espacio ni un centímetro al fascismo, ideología que se posiciona a diario en las narrativas de los medios de comunicación que le dan lado para difundir sus discursos de odio anti inmigrante, en contra de mujeres o grupos sexuales y, sobre todo, contra los pobres.
Actualmente ante las voces autoritarias que reclaman orden, castigo, mano dura y un patriotismo excluyente, es imperativo repetir con claridad: ni un centímetro al fascismo.
Y en ese sentido preguntamos ¿Es lícito que los medios de comunicación entreguen espacios para que el fascismo pueda irradiar su propaganda? Es una pregunta legítima que se deben hacer los medios cuando entrevistan a ultraderechistas que no creen o relativizan los derechos humanos, que quieren colocar cárceles especiales para quienes no piensen como ellos, como el programa que anunció José Antonio Kast el 2021. O quienes justifican las muertes, violaciones y horrores de la Dictadura civil y militar chilena, como hace Johannes Kaiser o la propia Evelyn Matthei.
A propósito del fascismo y el nacismo, el caso alemán es aún más elocuente. Adolf Hitler fue nombrado canciller en 1933 con el beneplácito de sectores conservadores que pensaban que podrían manejarlo. Solo un mes después, el incendio del Reichstag o parlamento alemán le sirvió de excusa para suspender derechos civiles y eliminar a la oposición política. En poco tiempo, el Partido Nazi consolidó una dictadura totalitaria que dejó más de 50 millones de muertos en la guerra y seis millones de judíos asesinados en el Holocausto.
Pero no hay que ir tan lejos. América Latina también vivió sus propias versiones del fascismo, desde la dictadura de Jorge Rafael Videla en Argentina hasta la de Augusto Pinochet en Chile. En nombre del orden y la lucha contra el marxismo, se ejecutaron crímenes de lesa humanidad, desapariciones forzadas, torturas y exilios. La lógica fascista siempre es la misma y no se pierde, apelar al enemigo interno, el culto a la autoridad, la eliminación de la diferencia, el odio como principio organizador del poder, siempre apelando a los miedos más primitivos del ser humano.
Hoy, algunos relativizan estos hechos, los llaman «errores del pasado» o incluso se permiten conmemorarlos y justificarlos, como los tres candidatos de la ultra derecha chilena. Actualmente el fascismo continúa promoviendo discursos de odio contra migrantes, pueblos originarios, feministas o disidencias sexuales, con una retórica peligrosamente parecida a la de los años 30. Ante esto, no podemos tener medias tintas. No se negocia con el fascismo, porque el fascismo no negocia, aplasta las diferencias.
Como decía el filósofo Karl Popper “si no estamos preparados para defender una sociedad tolerante contra la embestida de los intolerantes, entonces los tolerantes serán destruidos”, la famosa paradoja de la tolerancia que plantea que una sociedad tolerante debe ser intolerante con la intolerancia para protegerse a sí misma.
Por eso, hoy más que nunca, frente al negacionismo, el autoritarismo y el odio, reafirmamos con convicción y memoria, ni un centímetro al fascismo, como principio ético y político que protege la democracia, los derechos humanos y la dignidad de todas las personas.
Y a no caer en voladeros de luces porque la estrategia de la derecha se despliega a través de Johannes Kaiser de cara a las elecciones de noviembre. No sería raro que el discurso del libertario se profundizara en las próximas semanas, haciéndolo más agresivo sobre la candidata Jeannette Jara.
Y tiene una explicación muy segura y es entregar hacia la opinión pública una referencia de ultra derechista, de tal modo de hacer parecer moderado a Kast o Matthei.
No es nueva esta forma de hacer política, los últimos dichos de Kaiser refrendan esta mirada cuando insiste en atacar a mujeres, inmigrantes y todo aquel que no se le parezca, es así que es de esperar que sus discursos de odio se intensifiquen en los próximos días, pero a no olvidar que es una estrategia coordinada de los candidatos que levantan las mismas banderas que hace cien años atrás. Por eso cabe insistir en parar el fascismo, porque la historia nos dice, nos habla antes y ahora de lo que pasa cuando se le da espacio. Por eso una vez más… ni un centímetro al fascismo.








