La política no está en los partidos políticos, la política se hace, se genera y se proyecta desde los medios de comunicación.
Esta frase, aunque polémica, es algo que la derecha entendió hace muchos años, haciendo suyo el ideario de Antonio Gramsci y el papel de la cultura y la intelectualidad para mantener el poder a través de la educación y las instituciones culturales, incluyendo por cierto, a los medios de comunicación que junto con informar, también educan.
Si, tal vez desde la forma son los partidos los que administran las decisiones políticas en las democracias liberales, que son tributarios del poder que les delega el pueblo, pero son los medios de comunicación los que generan el debate, los temas, la famosa agenda setting, que no es otra cosa que la importancia que las personas le asignan a los temas públicos.
Las grandes fortunas del país, por lo general mantienen estrechos vínculos con los medios de comunicación, si acaso no son dueños de los mismos y donde el Estado, independientemente del color político, también aportan para sostenerlos económicamente aun conociendo que las líneas editoriales son hegemónicas. Poco han hecho los gobiernos democráticos por cambiar la correlación de fuerzas en la narrativa o el relato, tal vez por comodidad, de ninguna manera por ignorancia o ingenuidad.
Hay decenas de estudios, libros y documentos que nos muestran como la prensa chilena responde a coro a las instrucciones de la banca, de las grandes fortunas económicas, pero seguimos sin tocar ese ecosistema que tanto daño le hace al país, al sostener narrativas ligadas solo y plenamente al conservadurismo más rancio. Últimamente son todavía más peligrosos, por cuanto le dan cabida sin contraposición alguna a los discursos de odio y discriminación de los candidatos de derecha, que desfilan campantes agrediendo a migrantes, mujeres, minoría de todo tipo y sobre todo a los pobres y al pueblo raso, retrotrayendo siglos de avances en materia de derechos humanos.
Por eso, aunque es un clamor en el desierto, seguiremos en línea para demandar una verdadera ley de medios, que permita al espectro de la prensa chilena ser más justa, donde también quienes tienen legítimas miradas de izquierda tengan cabida, ante la inmensa sobre representación del relato de derechas en Chile, concentrado en ese 95% del duopolio Mercurio y La Tercera, canales de televisión y radios.








