Y la polarización es su consecuencia más rentable.
Por María Paz Muñoz Poveda. Estudiante Periodismo Universidad Austral de Chile. UACH.

Vivienda con muros de cemento alto y alambre de púas.
La lluvia golpea con fuerza el techo de una casa en la calle Ecuador, en el sector este de Valdivia. Entre truenos y ramas quebradas, se filtra la voz grave de un locutor que exige mano dura y promete orden. Esta no es solo una noche tormentosa, es el retrato de un clima político que se ha instalado. En el que el temor ya no se combate, se cultiva, se transforma en discurso, se grita en campaña y se vende como solución. En un país cada vez más dividido, la política ha encontrado en el miedo no a un enemigo, sino a un aliado eficaz.
Este aliado cobra particular relevancia al observar la paradoja chilena que, según el informe “Preocupaciones del Mundo” de Ipsos (junio 2024), Chile se posiciona como el país más preocupado por la inseguridad en América Latina, a pesar de que sus índices de criminalidad no figuran entre los más altos de la región. Una brecha alarmante entre la percepción y la fría estadística, un terreno fértil que la política no duda en arar. Y es aquí cuando el miedo se convierte no solo en un mero efecto colateral, sino en un hilo invisible tejido por actores políticos para moldear la opinión pública.
Estas tácticas se nutren de discursos agresivos, de propuestas radicales y mensajes contundentes que prometen soluciones extremas a los problemas sociales y de seguridad, a menudo eclipsando el debate de fondo con el estruendo de los titulares. Pero este juego con el temor no es un fenómeno espontáneo ni un brote reciente en el paisaje político chileno. Es, en realidad, una vieja partitura que se ha interpretado con variaciones a lo largo de la historia, más allá incluso del eco de la dictadura de Augusto Pinochet, remontándose a «campañas del terror» de 1920.
Origen campaña del terror en la política chilena
El miedo huele a pólvora vieja. Ha habitado en los susurros de los gobernantes desde que el primer líder tribal descubrió que un pueblo asustado es más dócil. Pero en el siglo XX, con las heridas aún abiertas de la Segunda Guerra Mundial, los imperios cambiaron las balas por algo más sofisticado, la guerra psicológica, sembrando pánico con noticias repetidas sobre «comunismo» o «invasión». Como explica Karen Alfaro, Doctora en Historia Social y Políticas Contemporáneas, «la guerra psicológica toca el nervio social con mensajes repetitivos de noticias dolorosas que desestabilizan».
En Chile no fue la excepción ya que, en 1920, cuando el «León de Tarapacá», Arturo Alessandri Palma, se alzaba como candidato presidencial, sus detractores no dudaron en pintarlo como un profeta del desorden. «¡Viene la Revolución Rusa!», gritaban los panfletos. «¡Alessandri traerá el hambre y la anarquía!». El mensaje era claro, ellos eran el muro que contenía la marea roja. Aquella campaña no solo marcó la política chilena, fue el primer ensayo de un libreto que, con distintos actores, se sigue repitiendo hoy.

Décadas más tarde, esa lógica del miedo se perfeccionaría durante la dictadura civil y militar. El régimen autoritario cívico-militar chileno llevó la campaña del terror a su máxima expresión, instalando la figura del “enemigo interno” y justificando la represión a través de propaganda, censura y control social. Como señala Freddy Timmermann en un ensayo para El Mostrador, “el principal rasgo vivencial del régimen cívico militar chileno es el ejercicio de la violencia, pero de una especial, propia de un Estado militar terrorista, de una ‘violencia invisible’ como es el miedo”.
Casi 35 años después, los fantasmas cambiaron de disfraz. Ya no son los «rojos» los que acechan, sino el inmigrante, el delincuente, el «otro». Las redes sociales se convirtieron en megáfonos de angustia, noticias de crímenes se multiplican como espejos en un laberinto, cada versión más distorsionada que la anterior. La gente, atrapada en esa espiral, reacciona como siempre lo ha hecho, con el corazón en la garganta y los puños cerrados.
El miedo es un proceso político
Con el Complejo Fronterizo Chacalluta como telón de fondo, Evelyn Matthei transformó ese espacio en un escenario de campaña donde el miedo se convierte en recurso político. Su propuesta de levantar obstáculos extremos en la frontera ejemplifica una “terapia de shock” emocional para legitimar medidas drásticas “tenemos que tener todo tipo de obstáculos cerca de la frontera que pueden ser pretiles, que pueden ser zanjas, que pueden ser muros, alambre de púa o que pueden ser lugares que estén dinamitados”.
Otros discursos políticos actuales también apelan al miedo como forma de control social. José Antonio Kast propone “encerrarlos y aislarlos de por vida, en las condiciones más duras posibles» para delincuentes, Johannes Kaiser promueve la autodefensa armada mediante videos de práctica de tiro e incluso Carolina Tohá, desde el oficialismo, habla de «las penas del infierno a los delincuentes violentos». Según el informe «Preocupaciones del Mundo» (Ipsos, 2024), un 69% de chilenos manifiesta preocupación por el crimen, aunque Statista (2024) sitúa a Chile entre los países más seguros de la región.
Sin embargo, la retórica dura de Matthei contrasta con la imagen de “realismo y esperanza” que su propio partido intenta proyectar. Pedro Lamas, presidente de UDI Los Ríos, enfatiza que «lo que ha planteado Evelyn y lo que nos ha pedido a nosotros es realismo. Y ese realismo va enlazado con esperanza. Porque a la gente hoy día le van a prometer mil cosas, pero lo que necesita es soluciones prácticas».
Desde la oposición, esta estrategia basada en el temor también ha sido cuestionada. Tamara Pasten, presidenta del Partido Comunista de Los Ríos, advierte que “nuestra candidata ha sido bastante enfática en mostrar distintos ejemplos de cómo se ha generado este discurso un poco con mentiras o con miedo a una ideología o algún partido, a los comunistas nos pasa bastante con el miedo a que en Chile haya un presidente comunista. Entonces hay muchos mitos a comparar con otros países o con que se instalará modelos similares de otros países”.
Los mismos datos que deberían tranquilizar se desvanecen ante la fuerza narrativa de un miedo que, como personaje antiguo en la historia política chilena, solo cambia de vestuario según la época, antes eran los fantasmas ideológicos, hoy son las amenazas cotidianas. En este escenario, los ciudadanos que claman por realismo parecen alzar la voz contra la tormenta de una retórica que ha aprendido a cosechar votos en el terreno fértil de la angustia social.
Medios de comunicación ¿Aliados o enemigos?
Los noticieros y matinales chilenos han transformado la cobertura de la inseguridad en un producto mediático de alto rating. Con cámaras que siguen en tiempo real a las patrullas policiales, recreaciones dramatizadas de delitos y titulares con tipografías y mensajes impactantes terminan por construir una realidad paralela que poco tiene que ver con las estadísticas oficiales.
Como señala Susana Soto Navarro, profesora de Derecho Penal de la Universidad de Málaga, en su estudio La influencia de los medios en la percepción social de la delincuencia, «los medios ofrecen una visión deformada de la realidad delictiva. Pueden iniciar la cobertura de una supuesta ola de delitos, con independencia de los datos oficiales, e igualmente ponerle fin».
El llamado «cuarto poder» influye al determinar las urgencias ciudadanas, pero cuando su enfoque se torna sensacionalista, priorizando el impacto emocional sobre el análisis, distorsiona la percepción social. Los medios entonces se convierten en caja de resonancia de discursos políticos que usan el miedo ciudadano como combustible. La cobertura obsesiva de ciertos delitos, presentada como epidemia, genera una demanda de soluciones punitivas, desplazando los debates de fondo.
Esta distorsión mediática tiene efectos concretos y medibles en la sociedad. Según el Informe de Homicidios de la Subsecretaría de Prevención del Delito, entre 2022 y 2024 el número de crímenes en el país disminuyó un 22,8%. Sin embargo, la representación que hacen los medios suele exagerar tanto la frecuencia de estos delitos como su distribución geográfica. Un ejemplo emblemático es el caso de los portonazos, mientras en Santiago estos hechos acaparan titulares diariamente, pero que en regiones como Aysén o Magallanes su ocuurencia es prácticamente nula.
El problema se agrava cuando formatos periodísticos privilegian discursos alarmistas, marginando análisis complejos sobre la inseguridad. En vez de examinar causas estructurales, el debate público se reduce a eslóganes de «mano dura» o “mano hiper dura” para problemas con múltiples factores más profundos. Esta simplificación empobrece el diagnóstico y limita las soluciones, descartando abordajes preventivos y sociales.
La percepción de inseguridad y el peso de los discursos

El impacto de los discursos de inseguridad, impulsados por actores políticos y amplificados por titulares mediáticos sensacionalistas, se refleja en la vida cotidiana de quienes terminan convertidos en blanco de esas narrativas. Entre los más afectados están las comunidades migrantes, utilizadas como bandera de campaña por todo el espectro político en los últimos años. El miedo se ha instalado en sus rutinas, desde la precaución excesiva hasta el silencio autoimpuesto por temor a que sus acentos los delaten y los expongan a miradas hostiles.
Dubraska Barrios, representante de la Organización de Mujeres Migrantes, conoce bien ese peso. Durante la celebración del aniversario de su colectivo en un parque de Valdivia, lo que comenzó como un encuentro de alegría y resistencia se tornó incómodo cuando personas ajenas al grupo empezaron a fotografiarlas y filmarlas sin explicación. Minutos después, el mensaje llegó, en redes sociales circulaban imágenes distorsionadas de su actividad, acompañadas de acusaciones falsas sobre «migrantes dañando la naturaleza» y llamados a actuar contra ellas.
A pesar del temor, decidieron no ceder ya que las autoridades invitadas estaban en camino, y habían cumplido con todos los permisos. Al finalizar, dejaron el espacio impecable, pero la experiencia dejó al descubierto cómo los prejuicios pueden convertir incluso una reunión pacífica en una excusa para la hostilidad. Dubraska reconoce que «en los últimos años ha habido un aumento de la xenofobia, lo puedes ver en todas estas noticias que salen y se hacen virales. Por ejemplo, el tema de la campaña de Falabella por el Día de la Madre. Y cuando te metes a leer los comentarios, son comentarios fuertes».
Ese clima de sospecha no nace espontáneamente ya que para Cecilia Icarte, presidenta de la Junta de Vecinos teniente Merino, los medios y la opinión pública son piezas clave en su construcción. En una pequeña oficina de la sede vecinal, con el eco lejano de una banda escolar de fondo, explica que «si ves la televisión desde las siete de la mañana hasta las dos de la tarde, es pura noticia trágica. Entonces la gente crea un clima de inseguridad mayor del real. El discurso permite que cualquiera hable del tema de seguridad de manera muy superficial».
Icarte sabe que el temor no siempre refleja la realidad y recuerda que, incluso en los años 80, cuando el barrio tenía una fuerte presencia de militares y carabineros, la delincuencia existía. «siempre la hubo», afirma. «tal vez ahora se nota más por las redes sociales. Hoy ocurre algo y todo el barrio se entera por WhatsApp, entonces la sensación cambia, todo es más instantáneo».
Los ciudadanos enfrentan el reto de diferenciar entre la realidad objetiva y la narrativa del miedo construida políticamente. Luis Cárcamo, doctor en percepción, comunicación y tiempos explica que “siempre surgirá un rumor de desgracia. En el fondo, el ser humano es profundamente emotivo, y procesa cierta información de manera fácilmente interiorizable. La gente se siente amenazada cuando percibe que algo que considera suyo y cuando eso no se cumple, se activa la dinámica del rumor”.
Aunque la inseguridad es una preocupación real, su instrumentalización para manipular emociones colectivas conduce a decisiones apresuradas y normaliza discursos que, en vez de solucionar problemas estructurales, profundizan la polarización social y el efecto se vuelve cada vez más palpable cuando la sociedad chilena avanza sobre terreno frágil, impregnada de desconfianza mutua.
Fuentes directas
•Dra. Karen Alfaro Monsalve. Doctora en Historia Social y Políticas Contemporáneas.
•Luis Cárcamo Ulloa. Doctor en Percepción, Comunicación y Tiempos.
•Pedro Lamas. Presidente UDI Los Ríos.
•Dubraska Barrios. Representante Organización Mujeres Migrantes.
•Cecilia Icarte. Presidenta Junta de Vecinos teniente Merino.
•Tamara Pasten. Presidenta PC Los Ríos.
Fuentes documentales
• https://www.ine.gob.cl/sala-de-prensa/prensa/general/noticia/2024/08/06/enusc-2023-8-1-de-los-hogares-fue-v%C3%ADctima-de-delitos-violentos-en-los-%C3%BAltimos-doce-meses#:~:text=ENUSC%202023:%208%2C1%25%20de%20los%20hogares%20fue,delitos%20violentos%20e.
• https://fundacionsol.cl/cl_luzit_herramientas/static/adjuntos/7496/PBM2023_vf240520.pdf
• https://faro.udd.cl/files/2025/05/br-43-delitos.pdf
• https://www.ciperchile.cl/2025/01/13/la-valoracion-de-la-democracia-en-tiempos-de-terapias-de-shock/
• https://prevenciondehomicidios.cl/wp-content/uploads/2025/04/Informe_de_victimas_de_homicidio_2024.pdf
• https://revistacriminologia.com/07/recpc07-09.pdf
• https://www.elmostrador.cl/cultura/2013/09/11/el-miedo-la-violencia-invisible-que-implanto-el-terrorismo-de-estado/
• https://www.ciperchile.cl/2020/10/20/el-miedo-como-practica-politica-en-chile/
• https://radio.uchile.cl/2025/04/25/la-politica-que-se-aprovecha-del-miedo-no-construye-seguridad/
• https://www.ciperchile.cl/2025/04/01/la-mano-hiper-dura-analisis-de-las-propuestas-en-seguridad-de-las-candidaturas-presidenciales-de-derecha/








