En la historia antigua el ouroboros es una serpiente que se muerde su propia cola y que representaría el eterno ciclo de la vida, aunque puede tener otras interpretaciones asociadas al ciclo del trabajo, del esfuerzo o la lucha eterna, interminable, permanente.
También en el mito de Sísifo de Albert Camus hay una idea similar en que una vez terminado un ciclo éste se reinicia una y otra vez, la mayoría de las veces sin un sentido claro y manifiesto. Esa ausencia de sentido hace que muchas veces le otorguemos un significado profundo a la superficialidad y a las cosas.
Es así que es normal ver a miles de trabajadores y trabajadoras que se sienten en la condición de autoexplotados, es decir, pensando que la productividad pasa por permanecer largas horas en el trabajo, muchas veces haciendo poco o mucho, extendiendo las tareas, haciendo de la ineficiencia un propósito no manifiesto, pero estando allí en la falacia de la productividad. Este ciclo se ha transformado en una rueda de hámster moderna: la autoexplotación.
El modelo neoliberal alienta estas conductas que echan por tierra siglos de lucha de trabajadores y trabajadoras.
El filófoso coreano Byung-Chul Han en la “Sociedad del Cansancio” advierte el desafío actual que vincula la hiperproducción y la sobre exposición a la tecnología y la información, que en conjunto generan un mecanismo de opresión silenciosa siempre en aras de la productividad. Es así que esa visión compartida de la autorrealización prima sobre todo lo demás.
De esta manera, según Han, el individuo se siente y se ve a sí mismo libre y soberano, pero está envuelto en una paradoja en que parece libre, pero no lo es.
Y de alguna manera se siente feliz autoexplotándose, produciendo más y más, dejando de lado la vida contemplativa tan necesaria para el ser humano.
Han precisa que el siglo XXI se caracteriza por superar la sociedad disciplinaria de la que hablaba Foucault para abrir paso a una sociedad del rendimiento. Según el filósofo coreano nos encontramos en esa transición, todo cruzado por la sobre abundancia de estímulos y de información, que dificulta la profundización de pensamientos complejos en el ciudadano promedio, exhaustos por la exigencia de la productividad. Es así que los espacios de contemplación asociados a la amplitud de pensamiento, son reemplazados por una hiperatención profunda y la consiguiente superficialidad absoluta y la pérdida de la escucha, lo que termina por fragmentar al individuo.
Han considera que esta nueva sociedad del rendimiento puede provocar una nueva barbarie, volviendo al ser humano en un animal trabajador.
En resumen, la tesis que cruza a la Sociedad del Cansancio es que, aunque el hombre se precie libre, finalmente se autoexplota y de alguna manera lo hace con placer.








