Lecciones desde Aysén sobre inclusión, excelencia y justicia educativa
Por Isabel Garrido Casassa
El día de ayer, el Ministerio de Educación dio a conocer los resultados de la Mesa Técnica del Sistema de Admisión Escolar (SAE), una instancia que reunió a expertos y expertas de diversas sensibilidades políticas para analizar el sistema y proponer mejoras. Esta mesa fue convocada por el Ejecutivo en el contexto de la negociación por la Ley de Presupuestos 2025, cuando el Senado amenazó con eliminar el SAE si no se reponía la selección escolar.
El Sistema de Admisión Escolar surge como parte de una reforma integral al sistema educativo impulsada durante el segundo gobierno de la Presidenta Bachelet, que incluyó la llamada “Ley de Inclusión Escolar”. Esta ley tenía por objetivo terminar con el lucro, el copago y la selección en las escuelas. La coexistencia de estos tres elementos no se encuentra en ningún otro país del mundo, y la investigación ha sido categórica en señalarla como una de las principales causas de la extrema segregación socioeconómica e inequidad que caracterizan al sistema escolar chileno.
El SAE se implementó de forma gradual en las distintas regiones del país, y en 2018 fue el turno de la Región de Aysén. Desde entonces, sectores detractores han distorsionado el debate público al referirse a este como una “tómbola”, confundiendo maliciosamente a las familias. He tenido la oportunidad de conversar con familias que, con angustia, preguntan si el nombre de su pupilo o pupila será sorteado aleatoriamente, mientras hacían el gesto de girar la manivela de una tómbola de bingo. Así tanto ha calado la desinformación.
No es una tómbola: es un algoritmo que asigna a las y los postulantes según sus preferencias declaradas, priorizando en base a criterios previamente definidos, como la existencia de hermanos/as en el establecimiento y la situación de vulnerabilidad socioeconómica. De forma unánime, la Mesa Técnica destacó que el SAE representa un avance en transparencia, no discriminación y objetividad. Además, ha sido clave para detectar territorios con déficit de vacantes escolares y tomar decisiones para remediarlo. Según la comisión, es el sistema que mejor permite maximizar la asignación de estudiantes al establecimiento de su preferencia: en la Región de Aysén, el 64% de las y los postulantes son asignados a su primera opción; a nivel nacional, el porcentaje alcanza el 53%. El 100% es imposible para cualquier sistema.
Junto con validar categóricamente el avance que significa el Sistema de Admisión Escolar, la Mesa Técnica presentó una serie de propuestas de mejora, entre las cuales destaca la reposición de la selección por desempeño académico en establecimientos de alta exigencia, hasta un 80% de su matrícula. La definición de establecimientos de alta exigencia considera los siguientes criterios: 1) sobredemanda, 2) desempeño académico destacado, 3) gratuidad y 4) planes y programas propios.
¿Qué impacto puede tener esto en la Región de Aysén, donde apenas 2 o 3 establecimientos cumplen con todos los criterios? Dado el tamaño de la población regional, reinstaurar la selección implicaría que prácticamente todos los estudiantes con las más altas calificaciones se concentren en esos pocos liceos, mientras el resto de los establecimientos asumirían la tarea de educar a estudiantes con menor rendimiento académico, que en su mayoría proviene de contextos socioeconómicos vulnerables. Porque en nuestro país el desempeño escolar se explica principalmente por este último factor. Reinstalar la selección es reinstalar la segregación escolar más extrema. Y educar a quienes ya cuentan con ventajas socioculturales de origen no equivale a brindar educación de calidad.
Para ilustrar este punto, la Región de Aysén ofrece numerosos ejemplos paradigmáticos, gracias a su escala poblacional reducida y baja segregación socioespacial. Uno de ellos es el Liceo Bicentenario Altos del Mackay, fundado en el marco de la política insigne del Gobierno de Sebastián Piñera, que buscó crear bolsones de excelencia para familias que no pueden pagar por educación de calidad. Este liceo compartió su experiencia al eliminar la selección durante el Congreso Pedagógico Regional 2024. En esa instancia, su equipo directivo relató cómo el SAE los impulsó a diseñar nuevas estrategias para mantener la excelencia, pese a no poder seleccionar por notas.
Transformaron su cultura institucional interna: dejaron de ser un “liceo de excelencia” para convertirse en un “liceo de altas expectativas”. Motivaron a las y los docentes a desarrollar proyectos de diversa índole junto a sus estudiantes, logrando destacar en torneos de debate y ferias científicas nacionales e internacionales. El año pasado, por ejemplo, una delegación viajó a Turquía para participar en el mundial de robótica. En 2024, además, mejoraron significativamente sus resultados SIMCE en Lenguaje y Matemática. Todo esto, sin recurrir a la selección.
Como el Altos del Mackay hay muchos otros ejemplos, ya que la Región de Aysén es un verdadero laboratorio para la integración social. En localidades como Chile Chico, Cochrane o Tortel, donde existe solo un establecimiento, los equipos docentes deben buscar estrategias para educar a cualquier estudiante que llegue a sus puertas: ya sea que tenga necesidades educativas especiales, sea hijo o hija de profesionales, técnicos, migrantes, o de autoridades locales.
Esto les ha motivado a desarrollar propuestas educativas innovadoras, capaces de atender a la diversidad y transmitir altas expectativas a sus estudiantes. Sus resultados destacan a nivel regional e incluso nacional, como en el caso de la Escuela Rural Valle de la Luna, de Ñirehuao, que obtuvo uno de los SIMCE más altos del país (sí, tal como leyó).
La realidad educativa regional demuestra que la competencia y la selección, lejos de fomentar la mejora, deterioran la calidad de la educación, ya que eliminan el llamado “efecto par”. Cuando no existe selección, las y los estudiantes se benefician del intercambio con personas de distintos orígenes culturales y socioeconómicos, lo que potencia sus aprendizajes. Asimismo, los equipos docentes y asistentes de la educación se ven impulsados a desarrollar estrategias innovadoras para atender la diversidad.
La Región de Aysén tiene mucho que enseñar al país sobre educación de calidad; sería positivo que su voz se haga sentir.
Isabel Garrido Casassa
Socióloga, Magíster en Gestión y Política Educativa ©








