Hay algo que la izquierda no ha podido entender en todos estos años o que, por diversas razones, no ha podido materializar en Chile y tampoco en otras partes del mundo.
La derecha lo sabe, no se avergüenza y lo hace a diario. Impone a través de sus medios de comunicación los discursos, las discusiones, los temas, las agendas de lo que hay que hablar. Mientras la izquierda cree ingenuamente que solo con mantenerse vigente en los medios hegemónicos y tener buenas relaciones con ellos ha hecho la tarea.
Cuando se habla de seguridad, ya perdió la izquierda. Porque no es el tema, es la agenda. Un vocero puede lucirse, pero está lejos de influir en las materias que más aquejan a las personas comunes de todo el país. Los medios crean un escenario. Aunque Chile siga siendo uno de los países más seguros de Latinoamérica, la seguridad consume horas y horas de televisión y radio.
Por eso la izquierda requiere agresividad, convicción y preparación para asumir la titánica tarea de ejercer la política desde los medios de comunicación. No hay medios independientes, no existen medios objetivos per se. Cuando se elige hablar de un tema y no de otro, hay una elección política y editorial. Cuando hablamos de seguridad, pero no de pensiones, hay una decisión. Cuando los medios hablan de Monsalve y eventuales delitos de violación y abuso sexual, pero no de Chadwick y las declaraciones prestadas en calidad de imputado a la Fiscalía en el Caso Audios, hay una decisión periodística, pero también política.
Esto no quiere decir que los medios carezcan del pluralismo que corresponde, el análisis multi factorial y las causas deben estar presentes, pero no escondiendo su propia dimensión ideológica. Esconderse detrás de una falsa objetividad no es soportable. Cuando solo hablan los grandes empresarios a través de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) en los medios y no se escucha a la CUT o los trabajadores, hay una decisión política. Y en todo orden de cosas pasa lo mismo.
Considerar a los medios de comunicación como simples megáfonos de la realidad traslapada por un grupo de poder no es el camino para las transformaciones sociales que promueve la izquierda y que han permitido significativos avances en los derechos de todas y todos.








