Por Verónica Furrianca Montiel
Eleodoro Sanhueza, poeta y escritor, nos invita a explorar parte de su vida en la región de Aysén. Allí ha encontrado motivación narrativa en hechos tan crudos como las misteriosas desapariciones en el lejano Puerto Aysén, que inspiraron sus libros «Almas en el Río» y “Los Ojos de la Verdad”. El segundo título narra sobre el ataque a Nabila Rifo, brutalmente agredida por su pareja.
Este hecho macabro estremeció el país, pero sobre todo a la región de Aysén. La violencia contra las mujeres es un problema social. Las cifras del año 2023 dan cuenta de 43 femicidios, además de 210 casos de femicidio frustrado a nivel nacional.
Sanhueza reflexiona sobre su experiencia en las calles de Coyhaique, donde siente las miradas de la gente, interpretándolas como juicios o reconocimientos. A pesar de las controversias, ha perseverado en su misión de dar voz a las historias de su región, convirtiéndose en una figura representativa de los relatos que emergen en Aysén.
¿Cómo manejas representar hechos y cómo han reaccionado las personas involucradas en los casos que has narrado en tus libros?
Con el libro “Almas en el Río”, cuando comencé a investigar, las personas no me pescaron. Era 2006, todavía había alegatos, uno de ellos es el caso de Paulina Gómez, la herida estaba todavía abierta. Hablé con la presidenta de la Agrupación de Víctimas del Río Aysén, que era la mamá de Roberto Lagos y ella en un momento estuvo abierta a apoyarme en ir a leer los expedientes juntos al juzgado y después se arrepintió. Entonces me cerraron la puerta para poder conversar con los familiares y solo pude leer los expedientes. Por parte de las personas que fueron mencionadas, hubo críticas, no amenazas directas, pero por otras personas se hablaba muy mal de mí, me censuraron varias veces, censuraron al libro en algunas ferias o actividades literarias, censuraron a la editorial Ñire Negro, estábamos como ahí un poco vetados para poder editar. Y en el caso por ejemplo de “Los Ojos de la Verdad”, ahí hubo gente que me criticó duramente y me agredió verbalmente, fueron personas que no son de acá de la región, la gente de la región de Aysén se ha portado muy bien conmigo.
¿Cómo ves el rol que tiene la literatura nacional en la representación de temas contingentes como la violencia de género y salud mental?
Hoy en día, hay buenos poetas, pero no corren muchos riesgos en tocar temas como los que tú mencionas, sobre todo la salud mental. El escritor es muy conservador. Creo que más el audiovisual, los documentalistas y los cineastas han hecho un viraje ahí para abordar estos temas. Hay un libro mío, que se llama «Los ojos de la verdad» que está inspirado en el caso de Nabila Rifo. Es un libro o una historia que toma la violencia de género y, sobre todo, de sectores rurales como la región de Aysén. Con ese libro tuve muchos problemas, me di cuenta de que todavía no estábamos preparados para hablar objetiva y seriamente acerca de la violencia de género y de la salud mental.
Respecto a tu proceso para investigar un caso real antes de adaptarlo a una obra de ficción ¿Cuál es el criterio de selección?
Trato en lo posible de no distanciarme tanto de la realidad, tampoco quiero pasar a llevar a las personas, en eso soy muy cuidadoso. Las personas somos frágiles. Si nos vemos publicados en el diario, en cualquier obra de arte o de cultura, nos podemos sentir mal. Para ello, utilizo primero lo que dijeron los medios de comunicación. A partir de ahí, voy armando como una estructura de historia. Luego, trato en lo posible de ir a los personajes; contactarlos, conversar, ver si es que están dispuestos a compartir y saber un poco lo que sienten, lo que opinan respecto al tema. Como tercera parte, siempre trato también de documentarme. Por ejemplo, con el caso de Aysén, fue muy interesante poder leer los expedientes. Con el caso que hablábamos recién, de Nabila Rifo, tuve que mirar por completo el juicio y leer también la sentencia que escribe el juez. Se trata en lo posible de abarcar todos los aspectos que salen de un suceso.
¿Qué desafíos has enfrentado antes de publicar y durante la promoción de tu trabajo como escritor en una región tan lejana como Aysén?
Hay gente que a veces actúa con un poco de maldad, con un poco de agresividad también, fue lo que pasó con «Los ojos de la verdad». Realizaron un ataque casi directo a mí como autor y luego también a la editorial. Pero en «Almas en el Río» lo que me pasó fue tener mucho miedo. Cuando la gente supo que se iba a publicar un libro basado en el caso de Aysén (Almas en el Río), dos semanas antes de que el libro lo presentáramos, la gente de acá en Coyhaique y en la región, empezó a comentar que era un tema peligroso, de que me había metido en problemas, de que algo me iba a suceder y así la cosa fue creciendo. Entré en pánico, en crisis de pánico, me encerré en la casa. Cuando escribí «Almas en el Río», un periodista recién egresado, se contactó conmigo y quiso venir a investigar durante un verano. Nos echaron de algunas casas con pistola, porque fuimos y enfrentamos a testigos o personas, que en un momento se dijo que estaban involucradas. Y nos enfrentamos a eso, igual fueron momentos bastante peligrosos.
¿Cómo manejas el proceso de creación al decidir qué elementos de la vida real incorporar y cuáles omitir en tus narrativas de ficción?
De las investigaciones realizadas, he dejado muchas cosas fuera. Siempre trato en lo posible de quedarme con lo que me gusta o con lo que creo que es necesario para la historia, para que la trama se construya bien. Siento que a veces, se pueden herir susceptibilidades y si encuentro que no son relevantes, que no aportan a la historia que quiero contar, las desecho. Necesito rescatar las acciones que sirven para contar la historia que quiero.
Si tuvieras que entregar un mensaje a los futuros escritores, que todavía no se atreven por miedo a seguir esta línea de trabajo de la cual tú has venido desarrollando que es bastante particular ¿Qué le podrías compartir?
Hasta los más grandes escritores decían que nunca más leían sus libros porque sabían que iban a encontrarse con “erratas” y que los iban a desmotivar y uno queda triste la verdad. A mí me pasó con un libro que fui a presentar a Santiago, en el viaje en avión, me di cuenta de un error y quedé casi llorando. Entonces, es un trabajo arduo que hay que hacerlo con convicción. Hay que trabajar duro, hay que escribir, reescribir, revisar, aceptar las críticas como deben ser y luego no claudicar.
¿Has cambiado tu enfoque o métodos de trabajo debido a las controversias enfrentadas y cómo influye esto en tus proyectos literarios actuales y futuros?
Respecto a sucesos trágicos lo pensaría más ahora, y si trabajara en torno a un suceso real tan complejo o fuerte como son estos temas con los cuales he trabajado, también trataría de alejarme un poco más. Ahora, la gente me llevó a investigar acerca de Nabila Rifo. En la calle, me decían que la única persona que podía escribir sobre el tema era yo, les hice caso. Ahora he tomado un receso. Estoy escribiendo un conjunto de cuentos por una temática más de ficción, me metí un poquito más con el terror rural y urbano. También un poco con la violencia del género, pero desde un punto de vista más superficial digamos, no voy a hablar de una persona propiamente tal. También hay un cuento que habla de la salud mental, habla de la violencia de género, pero en contexto mucho más literario, cien por ciento literario, son cuentos.








