Por Benjamín Infante
El Programa de Acceso a la Educación Superior (PACE), fue una de las metas presidenciales durante los primeros 100 días del segundo gobierno de la presidenta Michelle Bachelet. Al inicio se escucharon sirenas de que significaba un atentado al mérito de los mejores promedios del sistema que no estaban precisamente en los establecimientos públicos, afortunadamente el tiempo no les ha dado la razón.
Empezó el 2014 como un programa modesto, instalado en 5 universidades y 69 escuelas. A diez años de su implementación, más de 470 mil estudiantes se han beneficiado de él, se ejecuta en 630 establecimientos públicos de Enseñanza Media y mantiene convenio con 29 instituciones de Educación Superior.
El relato de que el PACE significaba “saltarse las reglas” del sistema meritocrático enmudece ante los hechos. De acuerdo a datos de la DIPRES, el 15% con mejor rendimiento académico tendría gracias al PACE mayores oportunidades de movilidad social ascendente (DIPRES, 2019).
Esto no es menor ya que impacta directamente en un sistema educativo segregado por concepto de estatus y clase social.
Es decir, gracias al PACE las oportunidades de ascender socialmente se balancean en favor de la educación pública.
El acompañamiento para el desarrollo de capacidades difícilmente puede entenderse como un atentado al mérito del 15% de estudiantes con mejor promedio, sobre todo cuando se enfoca en el cultivo de la resiliencia, comunicación efectiva y liderazgo que requiere la compleja sociedad del siglo XXI.
Es decir, su énfasis no es suplir el proceso de aprendizaje que deben desarrollar los estudiantes, sino equiparar las condiciones para su desarrollo. En definitiva, el acompañamiento que significa el PACE es un mecanismo para la equidad dado que corrige la tendencia a generar trayectorias educativas desiguales.
En un contexto dominado por el mercado, el acompañamiento es requisito para la equidad.
Lo mismo nos ocurre en Aysén, donde mantenemos un promedio de escolaridad inferior a los años que se requieren para terminar la enseñanza media (Casen, 2020), es necesario desarrollar la equidad regional por medio del acompañamiento del Estado en áreas estratégicas de desarrollo
Ya lo decía nuestra Gobernadora cuando vino el Ministro Marcel, “en Aysén necesitamos equidad”, y para tenerla como principio y horizonte de construcción, necesitamos acompañar al pueblo de Aysén para poder adaptarnos a un convulso y desafiante siglo XXI.








