Marta Godoy Carvajal. Directora Regional Subrogante del Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género, SernamEG.
Los estereotipos y los sesgos de género son parte de la cultura en todo el mundo, bajo ese entendido se le asignan ciertos roles a mujeres y hombres, de manera diferenciada. Por ejemplo, no se reconoce la presencia de la ciencia en las actividades tradicionalmente consideradas como “femeninas”, tales como la química en las preparaciones en la cocina, la matemática que se aplica en los tejidos, la geometría en las costuras y la administración de un presupuesto de un hogar como un ejercicio práctico de economía. Estas labores que han desarrollado las mujeres históricamente no han sido valoradas e inclusive en el sistema educacional se les ha negado la participación de las niñas y adolescentes en las matemáticas y las ciencias, bajo la creencia que estos ramos no serían de su interés o habilidad. Si bien hemos avanzado, aún persisten creencias que nos limitan.
La brecha de género es transversal en los distintos espacios en los que están presentes las mujeres y que incluye a las disciplinas asociadas a las áreas STEM, sigla en inglés que se refiere a las carreras relacionadas a la Ciencia (Sience), Tecnología (Tecnology), Ingeniería (Engineering) y Matemáticas (Mathematics). De acuerdo a la Segunda Radiografía de Género en Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación del Ministerio de Ciencia de Chile, sólo un 7% de mujeres que se titularon el año 2019 en el pregrado, fueron relacionadas a las carreras STEM.
Al revisar la historia de Chile, las primeras mujeres profesionales, a excepción de la abogada Matilde Throup, incursionaron en áreas consideradas “poco tradicionales”. Hablamos de Eloísa Díaz y Ernestina Pérez, médicas; Griselda Hinojosa, químico – farmacéutica; y Justicia Espada Acuña Mena, ingeniera. Todas ellas pertenecían a la elite o a sectores medios ilustrados; sin embargo, el ingreso a la universidad de las mujeres en su mayoría, siguieron los parámetros establecidos, según la división sexual del trabajo. Es decir, los roles asociados a lo masculino estaban ligados a la política y al carácter público, que les permitía estar presentes en espacios de poder, mientras que las mujeres, a una condición de subordinación; por consiguiente, la mayoría de ellas se dedicaron a la enseñanza, atención de partos y la religión.
Entre los principales obstáculos y barreras en el acceso a las carreras STEM que aún persisten, pese a que el ingreso de las mujeres a la universidad ya tiene más de un siglo, son los estereotipos y sesgos de género. Un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) del año 2015, establece que existe una falta de confianza de las niñas en sí mismas respecto al dominio de estas áreas, producto de la influencia del hogar, establecimientos educacionales y los medios de comunicación, entre otros.
Iniciativas que van en sentido contrario al escenario mencionado son varias, una de ellas a nivel regional es el proyecto STEM Género, el que nace para inspirar a niñas y jóvenes mujeres a seguir sus vocaciones y disminuir las brechas de género en el acceso en áreas de la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas; y su vinculación al desarrollo regional e innovación tecnológica en la Macrozona Sur Austral. Las casas de estudio que participan del programa, corresponden a la Universidad de La Frontera, Universidad de Los Lagos, Universidad de Aysén y Universidad de Magallanes.
En el marco del modelo de articulación entre las universidades y actores claves en el desarrollo regional, se encuentra la Mesa Intersectorial Macro Zona Sur Austral de la cual participamos recientemente; a través de una jornada de trabajo denominada «Asociatividad, Liderazgo y Buenas Prácticas Laborales: Oportunidades para el desarrollo de Aysén». En la ocasión, pudimos entregar la oferta de nuestro programa Mujer y Participación Política y Social, el que a través de actividades de sensibilización refuerzan las habilidades de sus participantes; promoviendo así su autonomía y mayor nivel de empoderamiento. Prontamente comenzarán las actividades de sensibilización, por extendemos la invitación a ser parte de estas iniciativas que buscan promover la equidad de género y el liderazgo de las mujeres.
Como última reflexión, podemos señalar que es relevante entender que nuestra contribución como Institución, no sólo apunta a un sentido de justicia para las niñas, adolescentes y mujeres, sino que también es importante tener en cuenta, que el territorio y el país requieren urgentemente de su aporte; para encontrar nuevas soluciones a los problemas que como sociedad enfrentamos.








