La historia se construye sobre hechos, acontecimientos, creencias y luchas, estas últimas, muchas veces, han generado los cambios que hoy incluso, nos permiten escribir esta columna.
Los derechos políticos de las mujeres fueron reconocidos en el año 1954 por la Asamblea de Naciones Unidas, a pesar de ello, la participación de las mismas no era aceptada en todos los países, sobretodo, en aquellos que no permitían la disidencia. Esta es la historia de las hermanas Mirabal, Patria, Minerva y María Teresa, quienes luego de oponerse públicamente a la dictadura de Trujillo en República Dominicana, fueron asesinadas cruelmente. Sus cuerpos fueron encontrados un 25 de noviembre, fecha, que a contar del año 1999, ONU proclama como el Día Internacional de la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres.
El reconocimiento de la Violencia contra las Mujeres como una vulneración grave de los Derechos Humanos de las mismas, establece como tal a “cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”. Esta definición, declarada en la Convención Belém Do Pará, guía nuestro actuar como Estado en la adopción de medidas, planes y programas para prevenir, sancionar y erradicar cualquier tipo de violencias en contra de las mujeres.
Una de las principales tareas que hemos realizado durante décadas para avanzar en la eliminación de este tipo de violencias, ha sido instalar en el discurso público el reconocimiento de que la violencia contra las mujeres es un problema sociocultural y político que afecta a miles de personas y se encuentra naturalizado en la sociedad chilena.
Cuando recién se crea el Sernam, en la década del 90´, era común escuchar frases que invitaban a mantener las situaciones de violencia bajo la alfombra. Entre ellas “la ropa sucia se lava en casa” en referencia a los episodios violentos y manifestaciones verbales, físicas y sexuales de esta misma. O “en problemas de pareja, mejor no meterse”, lo que denota que este fenómeno era visto como algo que sucedía al interior de una familia y ésta debía resolverla; por lo tanto, no era un problema de la sociedad.
Desde hace más de 30 años hemos venido desarrollando un trabajo diario a través de programas o iniciativas relacionadas con la prevención, atención y reparación de la violencia contra las mujeres y el acceso a la justicia, a través de la representación especializada. Asimismo, hemos colaborado en red con otras instituciones relacionadas y podemos apreciar que se ha producido una evolución. Nos referimos a entender y asumir que la violencia de género abarca no sólo aquella que ocurre al interior de una pareja, sino que son múltiples sus manifestaciones; tanto en espacios públicos como privados. No importa la edad, el nivel educacional o socioeconómico; es decir, éstas viven violencia en sus relaciones familiares y afectivas, en el contexto laboral, social, político, como también en la comunidad.
Nuestra oferta programática en esta materia, tiene aspectos preventivos, es decir, buscamos actuar antes de los hechos; pero cuando estos ya están consumados, nuestra oferta se orienta a la atención. Actualmente en la región de Aysén, tenemos dos Centros de la Mujer, donde cualquier persona puede consultar y resolver sus dudas; o recibir atención por parte de una triada psicosocio jurídica, compuesta por psicóloga/o, trabajador/a social y abogada/o si es mujer mayor de 18 años que viva o haya vivido violencias de género en contexto de pareja o ex pareja. No es condición haber realizado una denuncia previamente, ni es obligación realizarla mientras permanece en el Centro. Sólo en Puerto Aysén, en el Centro de la Mujer “Naa Alveré” a septiembre del presente año, han sido atendidas 240 mujeres, mientras que en Coyhaique en el Centro Rayén esta cifra asciende a 355 atenciones.
Siendo coherentes, con el abordaje integral de la problemática para la protección de las mujeres, tenemos a disposición el Centro de Reeducación de Hombres, el cual atiende hombres que ejercen violencia de pareja y que durante este año 81 personas han sido atendidas. A él pueden acceder tanto los hombres derivados desde Tribunales u otras instituciones, como aquellos que de manera espontánea, deseen re aprender y dejar atrás la violencia como una forma de relacionarse con su pareja o ex pareja.
Creemos firmemente que fortalecer las autonomías de las mujeres – física, económica y política- contribuye al ejercicio pleno de sus derechos; por tanto, se encuentran en mayor libertad de tomar decisiones sobre sus vidas. Si esto es llevado a lo que esta fecha de conmemoración nos convoca, sienta bases y contribuye a la seguridad que requieren quienes estén viviendo violencia, para poder salir de esa situación. El mensaje que queremos transmitir como SernamEG durante este nuevo mes en el que recordamos a las hermanas Mirabal, símbolo de la lucha por la erradicación de este fenómeno, es a involucrarse; que implica acercarse, escuchar, no juzgar y acompañar en el proceso.
Implica también, buscar información y colaborar de manera activa, transformándose en parte de las redes comunitarias y de la sociedad civil, pero también, desde el lugar en el que esté, ser agente de cambio. Para esto último, les invitamos a inscribirse en los talleres de nuestro programa de Prevención en Violencia contra las Mujeres en los cuales podrán acceder a información actualizada; al mismo tiempo, que ser parte de procesos conjuntos de aprendizaje y así generar acciones transformadoras.
¡Transformemos el mundo para que las niñas, jóvenes y mujeres vivan libres de violencia!








