PhD(c) Miguel Ángel Rojas Pizarro.
Psicólogo – Profesor de Historia y Cs. Políticas.
Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo». Con esta famosa frase empieza el manifiesto Comunista de Marx, reconociendo a los comunistas como una fuerza reunida en Europa que se opone al sistema establecido. Hoy un nuevo fantasma recorre Chile, el miedo instaurado por los grandes medios de comunicación y algunos sectores políticos que definen cualquier acción contraria a sus ideas de ser comunistas o violentista.
El terror de masas, el miedo a los cambios sociales frenó nuestra sociedad terrateniente durante los últimos cien años, al igual que la mitad del XVIII estuvo marcada por el miedo a la Revolución Francesa, el historiador Josep Fontana, en su magistral ensayo «El siglo de la revolución” explica didácticamente esta situación. Para que se produzca una revolución se necesita, una fuerza olvidada en el conjunto de la sociedad. Es fácil que se produzcan revueltas como el Estallido social del 2019, pero eso no cambia la sociedad; y mientras los padres de esos jóvenes indignados sigan votando por los mismos de siempre, nada cambiará lo que se vio reflejado en el triunfo de la opción “Rechazo”
Nuestro mundo gira en torno a los valores culturales del capitalismo. Nada es neutral, desde pequeños nos inculcan la competitividad, tener éxito y acumular riquezas, no importa la manera de lograrlo. La propiedad privada cala hasta los huesos. Las nuevas generaciones desean ser millonarios como en los videos de reggaetón, la figura del ganador nadando en un mar de oro. ¿Fantasía? Nuestra sociedad es película de sueños, plástica y vacía. Nos moldean individualistas, avaros, calculadores. Es adoctrinamiento y socialización cultural. Despreciamos al pobre o a lo diferente, lo degradamos, lo deshumanizamos. La nefasta frase “Los Pobres tienen lo que se merecen, estudiaron poco”. Mas triste aun la frase “La pobreza siempre ha existido, luchar contra ella es ir contra natura.” Por eso reivindicar la democracia es un asunto de los pobres. Es más fácil ser socios de ONG o apoyar al teletón depositando una vez al año y con ello ganarme el cielo. Somos una sociedad discapacitada del alma.
A tres años del Estallido Social se han detectado un doloroso balance de Fiscalía sobre las víctimas en el estallido: 33 muertos y 5.558 personas han denunciado violaciones de DD.HH. ¿A quién le importan? ¿Quiénes son los que han perdido de la vida? ¿No importan porque no son nadie?:
“Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadie con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadie la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadie: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadie: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadie, que cuestan menos que la bala que los mata.” «Los nadie» (Eduardo Galeano)
El Octubrismo es ese fantasma que recorría Europa dúrate el siglo XIX, que aterra, a los poderosos y a los administradores del poder, no por lo que hace o logra, sino por el potencial que tiene de cambiar todo. Cambiar el sistema imperante.
El octubrismo está en la jubilación de miseria de la profesora que se jubila con 40 años de servicio, en la lista de espera de una mama con bolsita de delantal que lleva años esperando una operación o en el dolor de las familias que perdieron un pariente que falleció esperando una intervención, en los primeros profesionales de muchas familias, hoy cesantes en su profesión. Se ve en el supermercado o negocio de barrio en el arroz a 3000, o en la posta rosada a 16 mil pesos el kilo. Se ve en la bencinera en donde calefaccionar con parafina es un lujo y llenar un estanque de bencina un sacrificio a todo bolsillo. Se ve en los espacios públicos privatizados como: estacionamientos, TAG parque nacionales. Así como el abandono completo de los espacios públicos. Se ve e ese dividendo o arriendo que vuelve a subir o en esa inflación que supera el 14%. La conmemoración del 18 de octubre les pertenece a los comunes, le pertenece al pueblo, les pertenece a los trabajadores, le pertenece a los de abajo. HOY El Octubrismo seguirá recorriendo chile como un fantasma, pero tengo la certeza que mas temprano que tarde dicho espíritu libertario se hará carne.








