Las relaciones entre nuestros pueblos originarios y los invasores de sus tierras, desde la guerra de Arauco y posteriormente en el estado republicano quedaron plasmadas en el Tratado de Tapihue (1825), que reconocía la soberanía Mapuche al sur del río Bio Bio. Sin embargo, al poco andar, tal acuerdo fue desconocido por el Estado de Chile y se procedió al exterminio y a la reducción de los Pueblos Originarios llevada a cabo por el Ejército, plasmada en nuestros libros de historia mal llamada “Pacificación de la Araucanía” liderada por el general genocida Cornelio Saavedra”, genocidio que aun en la actualidad, han sido acallado.
La Nueva Constitución debe ser plurinacional, representar el mestizaje de esta tierra, reparando los abusos históricos cometidos en contra de los Pueblos Originarios. En el Censo de 2017 el 12,8% de la población censada se auto identificó como parte de un pueblo indígena, siendo el 9,9% del total efectivo Mapuche. Ello significa que una cantidad importante de los habitantes de Chile se autoidentifican como Mapuche, Aimara, Rapa Nui, Atacameño, Quechua, Collas, Diaguita, Kaweskar, Yagán.
A pesar de encontrarnos en pleno siglo XXI la barbaridad e intolerancia corre por las venas del sistema imperante con un rostro de fría indiferencia. En el año 2007 la pastora Gabriela Blas cuidaba llamas en el altiplano. Dos animales se perdieron. Dejó sólo por unos momentos a su hijo de tres años para ir a buscar a sus animales. Al volver no encontró al niño. El cuerpo del pequeño Domingo aparecería muerto, recién un año después, congelado por las inclemencias del hostil clima. La misma mujer avisó a carabineros, pero fue detenida y responsabilizada por la muerte. Pasó tres años en prisión preventiva y denunció maltrato y abusos por parte del estado. Fue condenada a 10 años de presidio en un juicio que luego fue anulado, pero en el segundo proceso la pena se elevó a 12 años. Diversas organizaciones solicitaron el indulto del presidente Piñera. Que sólo le rebajó la pena a seis años. Gabriela fue despojada de justicia, familia e hijos. y ubicándola como objeto de cuestionamiento permanente, solo por ser mujer, pobre e indígena cuando es enjuiciada.
La historia de Gabriela Blas nos lleva a reflexionar lo urgente que necesitamos una nueva constitución plurinacional, Gabriela fue discriminada solo por ser una mujer, indígena, pobre, analfabeta y condenada a 12 años mientras que un empresario por conclusión es condenado solo a clases de ética o un político corrupto es sobreseído por falta de pruebas ¿Necesitamos un cambio? Si, un cambio urgente a las bases de nuestro país, construir una nueva historia, una historia de todos, no solo de los vencedores o de los intereses de algunos pocos que pueden pagar justicia.
Recién en el año 2018 el Estado de Chile pidió formalmente disculpas a la Compañera Gabriela Blas por considerar que todo el proceso, desde su primer momento, estuvo teñido de discriminación, gestión lograda también debido a que su caso fue denunciado en 2013 ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos acusando las vulneraciones de los derechos fundamentales de Gabriela. ¿Porque la luz de la justicia tiene que llegar del extranjero? ¿Por qué no recibió auxilio en su momento y con ello quizás su hijo se hubiese salvado? ¿Qué paso con los funcionarios de Carabineros (representante estado) que no brindaron ayuda a Gabriela Blas? ¿Conocías este terrible caso, lo escuchaste en los noticiarios?
La historia de Gabriela Blas es un lamentable episodio de los innumerables casos de violación a los DDHH, el asesinato de Camilo Catrillanca el 14 de noviembre de 2018, donde quedó al descubierto una operación para ocultar y tergiversar evidencia por parte de Carabineros de Chile. “Un supuesto amigo en tu camino”
Hoy como ciudadanos, tenemos una oportunidad histórica de reformar nuestra historia. Aspiramos a establecer una convivencia intercultural, por medio de una nueva constitución, tenemos la oportunidad para replantear la nueva sociedad chilena. Esta vez se persigue lograr un pacto social real que refleje fielmente el sentir y el deseo de chilenas y chilenos.
Desde la constitución del 80 y durante casi cuatro décadas hemos vivido en un sistema social impuesto por unos pocos, con un ideal de sociedad creado espaldas del pueblo, que no reconoce la diversidad.
«La defensa de la tierra no tiene otra finalidad que no sea la defensa de la vida».
Ph.D(c) Miguel Angel Rojas Pizarro.
Psicólogo- Profesor de Historia y Cs. Políticas.
www.miguelrojas.cl








